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GM desconfía de los inversores rusos

Alemania no está dispuesta a ayudar a quien no mantenga todas las fábricas

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La apuesta alemana por Magna se ha revelado como un flagrante error de cálculo para el Gobierno alemán. Angela Merkel prometió a finales de mayo garantías estatales de 4.500 millones de euros al inversor canadiense. La canciller ya daba casi por cerrada la operación, pero ahora todas las opciones siguen abiertas y la nueva dirección de GM se plantea incluso renunciar a desprenderse de Opel.

Merkel asegura que prefiere a Magna porque es una empresa del sector

La cúpula de Detroit ve con malos ojos la oferta de Magna, entre otros motivos porque implica la participación de inversores rusos. GM teme perder mercado para sus vehículos en Rusia, además de transferencia de tecnología al antiguo enemigo de la Guerra Fría.

El portavoz del Gobierno alemán, Ulrich Wilhelm, desmintió ayer una información del semanario Der Spiegel, según la cual representantes de GM llevan semanas presionando sin éxito al Gobierno alemán para que saque a los rusos del consorcio de Magna. 'Ni GM ni el Gobierno de EEUU han hecho saber que una participación de los socios rusos pueda ser un motivo decisivo para rechazar la oferta', señaló Wilhelm.

Merkel dijo ayer en un coloquio del semanario Die Zeit en Hamburgo que su apuesta por Magna 'viene de la convicción de que es mejor para el futuro de Opel porque es una empresa del sector, y no un inversor financiero que ha manifestado hace poco su interés'.

Los trabajadores alemanes reclaman a GM que tome ya una decisión

Frank-Walter Steinmeier, rival de Merkel en las elecciones del mes que viene, reiteró ayer sus condiciones para el apoyo alemán. 'Sólo habrá dinero de los contribuyentes para un concepto que mantenga las cuatro plantas alemanas y les ofrezca un buen futuro', dijo Steinmeier a Bild am Sonntag.

Los sindicatos alemanes creen que la permanencia de Opel en GM sería la peor de las opciones. Mientras tanto, cunde la inquietud entre los alrededor de 25.000 trabajadores de las fábricas alemanas, que reclaman ahora la paga extra de verano a la que habían renunciado. Es su forma de protestar por este tira y afloja sobre el futuro de la marca, para el que se preveía una solución hace muchas semanas.