Público
Público

El Gobierno aprieta las tuercas en inmigración

El ministro Celestino Corbacho rechaza que se le etiquete de "duro", pero advierte: "Tampoco soy un blando para afrontar los problemas". "Las normas se tienen que cumplir", subraya.

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

A pesar de que 'hubo más deportaciones en la legislatura pasada que en los cuatro años anteriores de Gobierno del PP' (100.000, que equivalen a un incremento del 43%), los socialistas reconocen que 'en el imaginario colectivo ha calado la idea de que nosotros somos más blandos con la inmigración irregular'. Ahora se trata de 'hacer visibles' las políticas que se aplican para acabar con lo que califican de 'leyenda urbana'.

El Gobierno niega oficialmente que así sea, pero el discurso de José Luis Rodríguez Zapatero sobre la inmigración se ha ido endureciendo de forma paulatina hasta poner el énfasis en el compromiso de que 'ni un solo ciudadano se verá privado de cualquier derecho o ayuda social por la llegada de inmigrantes', como dijo en su investidura.

La crisis económicaAsí lo aconsejan, según reconocen en privado fuentes gubernamentales, la desaceleración económica y la competencia que los inmigrantes representan para una franja importante del electorado socialista, tanto en el ámbito laboral como en el de las prestaciones sociales. De hecho, la estadística sobre el paro del primer trimestre revela que están siendo más afectados los nacionales que los inmigrantes.
El nuevo ministro, Celestino Corbacho -cuyo nombre fue sugerido a Zapatero por José Blanco-, rechaza hablar de 'un giro' -mantiene como responsable directa a Consuelo Rumi- y también que se le ponga la etiqueta de 'duro', pero advierte: 'Tampoco soy un blando para afrontar
los problemas'.

En esta última consideración enraíza su enfoque: 'Cuando se afronta un fenómeno global como la inmigración, que afecta a tantas cosas, hay que anticiparse y gobernarlo'. Y añade: 'Tiene que haber disciplina en el cumplimiento de las normas'.Dos principios de actuaciónCorbacho quiere 'gobernar' la inmigración a partir de dos ideas centrales, las mismas que aplicó con éxito en L'Hospitalet de Llobregat: 'En España, todos los inmigrantes que quepan y uno más, pero todos con contrato de trabajo'; y: 'Un país, una ciudad, un barrio o una escalera no pueden funcionar nunca con las normas del último que se empadrona'.

Este planteamiento, según sostiene, no entraña un cambio de política, sino 'más claridad en el discurso'. No obstante, reconoce que 'lógicamente, el PSOE ha ido evolucionando en su planteamiento, pero no en una línea de endurecimiento, sino de hacer frente al fenómeno'. 'Hace 10 años también nos costaba hablar de seguridad, y hoy es claro que seguridad y libertad son un binomio', explicó el responsable de Inmigración a Público.En el objetivo de dotar 'de claridad' a la política de inmigración, el nuevo ministro argumenta que durante la pasada legislatura se centró el esfuerzo en 'construir los instrumentos' y ahora debe potenciarse su divulgación para que la sociedad sepa que 'el Gobierno no está debrazos cruzados'.