Publicado: 27.06.2014 13:45 |Actualizado: 27.06.2014 13:45

El Gobierno recortará el gasto en 2015 un 3,2%: 4.200 millones

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Muy ufano se mostró Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, al presentar el límite de gasto para 2015. Ese techo de gasto público, que servirá para elaborar los Presupuestos del año que viene, bajará un 3,2% respecto al de 2014. En cifras absolutas, 4.200 millones menos, hasta quedarse en 129.060 millones de euros.

La cifra de 2015 resulta de una previsión de ingresos de 133.712 millones de euros y un objetivo de déficit de 30.959 millones, cantidades a las que hay que restar la financiación de las administraciones territoriales (32.941 millones) y unos ajustes de contabilidad nacional de 2.670 millones.

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, subrayó en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros que el techo de gasto fijado para 2015 "confirma que la reducción del déficit público es un objetivo prioritario" de la política presupuestaria del Gobierno. Montoro también se expresó en la misma línea: "Para el Gobierno la reduccion del déficit es inexcusable. Gracias a ese control de las cuentas públicas en España estamos viviendo una recuperación económica". 

Y es que el Gobierno confía en cumplir con el objetivo de déficit de 2015 fijado en el 2,9% para la Administración General del Estado y en el 4,2% para el conjunto de las administraciones públicas. Montoro, pese a todo, negó la evidencia y dijo: "No se plantea una nueva reducción del gasto público en términos absolutos, sino que se contiene su incremento, de manera que no habrá nuevos ajustes a la baja del gasto público porque no son necesarios para consolidar los objetivos". Pero la realidad y las cifras contradicen al ministro. Más comedida, Sáenz de Santamaría insistió en que el techo de gasto para 2015 apunta a la línea de contención que seguirá en los próximos años, pero puso un matiz: según la vicepresidenta, se preservará el gasto social y sin contemplar "ningún otro ajuste adicional", algo que suscribió Montoro.

Montoro aseguró también que el Ejecutivo no tendrá que recurrir a mas ajustes ni a la tijera: espera, por un lado, que los ingresos fruto de "esa recuperación económica" crezcan un 4,3% con respecto a 2014, y, por otro, que la reducción del gasto en prestaciones por desempleo y de los gastos de la deuda ayuden a contener el déficit pese a la rebaja fiscal anunciada hace unos días. Si a ello sumamos que las pensiones, el plato fuerte del gasto público, también han visto reducido su incremento al 0,25%, a Montoro le salen las cuentas. 

Montoro esgrimió un discurso alejado de la realidad. Negó la evidencia y dijo: "No se plantea una nueva reducción del gasto público en términos absolutos, sino que se contiene su incremento, de manera que no habrá nuevos ajustes a la baja del gasto público porque no son necesarios para consolidar los objetivos". Pero la realidad y las cifras contradicen al ministro. Más comedida, Sáenz de Santamaría insistió en que el techo de gasto para 2015 apunta a la línea de contención que seguirá en los próximos años, pero puso un matiz: según la vicepresidenta, se preservará el gasto social y sin contemplar "ningún otro ajuste adicional", algo que suscribió Montoro.

Pero eso está por ver. En su lenguaje plagado de dobleces y de ambigüedades, Montoro dijo que el Gobierno "contendrá el gasto por debajo del crecimiento del PIB nominal". Es decir, como a él mismo se le escapó durante la rueda de prensa, "pocas alegrías hasta 2017". Traducido a un lenguaje de la calle: menos gasto y menos consumo de las administraciones públicas, es decir, peores servicios públicos".


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