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González Egido reivindica la infancia como "fuente inagotable" de sugerencias

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El escritor Luciano González Egido (Salamanca, 1928) ha reivindicado hoy el territorio de la infancia como "fuente inagotable de sugerencias, ideas o recuerdos" susceptibles de ser acarreados como material literario, caso de su última novela, titulada "Los túneles del paraíso" (Tusquets).

La construcción a finales del siglo XIX de la línea férrea que enlazaba España con Portugal, a través de la zona salmantina de Las Arribes del Duero, ambienta esa narración que ha obtenido el II Premio de Novela Histórica de la Fundación Villalar, y cuyo autor ha recogido esta mañana en Valladolid.

El siglo XIX "es tan histórico como la Edad Media", ha explicado a Efe González Egido ante la avalancha de tramas, enigmas y aventuras que han encontrado en el medievo un sustrato literario de primer orden, lo que ha justificado en el convencimiento de que toda novela histórica "tiene un reflejo actual".

En el caso de "Los túneles del paraíso", centrada en varias poblaciones del suroeste salmantino como Hinojosa de Duero -donde nació su madre y él de niño disfrutó de frecuentes estancias vacacionales-, el reflejo "es la necesidad de medir las consecuencias" de proyectos de envergadura como esa línea férrea.

"No fue rentable. No duró ni cien años. Está cerrada desde los años ochenta (del siglo XX) sin que consiguiera levantar la vida de los pueblos por los que atravesaba, ni que mejorara las relaciones con Portugal porque el tráfico comercial fue insignificante. Hubo un mal planteamiento que dio lugar a algo absurdo e inútil", ha dicho.

La escasa rentabilidad de una infraestructura de esa magnitud, ejemplo de ingeniería y tecnología por los túneles y desniveles que hubo de salvar junto al río Duero -frontera natural entre España y Portugal en Las Arribes-, constituyen "una seria advertencia para que se midan las consecuencias de las cosas, para que se hagan pero siempre dentro de las necesidades de la colectividad", ha añadido.

El tendido ferroviario entre Salamanca y Portugal, para dar salida a los productos castellanos a través del muelle de Oporto, representó en su opinión "la historia de un fracaso" económico, cuya construcción "costó numerosas vidas humanas y mucho dinero para nada, porque ya no funciona".

La novela relata la conmoción que entre 1883 y 1887 supuso la llegada a los pequeños municipios del suroeste de Salamanca -de gran arraigo agrícola y ganadero-, de un ejército de obreros y de ingenieros polacos, franceses, portugueses y españoles, así como las relaciones con los lugareños y las consecuencias provocada por la convulsión de una atmósfera rural.

"De ese paisaje guardo un recuerdo extraordinario de cuando era niño. Siempre he tenido la sensación de que era un sitio edénico, con montañas, ríos y un silencio que me impresionaba muchísimo", ha evocado el narrador y ensayista González Egido, quien publicó por vez primera en 1993 ("El cuarzo rojo de Salamanca") y que hasta la fecha ha obtenido numerosos galardones literarios.

"Llegué tarde, pero se ve que tenía la cosa madurada porque siempre he leído mucho y escrito en los periódicos", ha reflexionado el autor de una obra distinguida con el Premio Miguel Delibes 1993 ("El cuarzo rojo de Salamanca"); el Nacional de la Crítica 1995 ("El corazón inmóvil"); el de la Crítica de Castilla y León 2003 ("La piel del tiempo"); y el Castilla y León de las Letras 2004.

A ellos se acaba de unir el II Premio de Novela Histórica de la Fundación Villalar, fallado por un jurado del que han formado parte, entre otros, los escritores Juan Manuel de Prada y Luis Alberto de Cuenca, y que esta mañana le ha entregado en Valladolid el presidente de las Cortes de Castilla y León, José Manuel Fernández Santiago.