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Gopegui afirma que la "novela del siglo XX es una novela mutilada que olvida la política"

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Barcelona, 21 sep (EFE).- La novela del siglo XX es una novela "mutilada" en tanto que olvida su carácter y sus personajes políticos, en opinión de la escritora madrileña Belén Gopegui, que hoy ha presentado su último libro, "El padre de Blancanieves"

Gopegui considera que "no se puede considerar la vida de una persona y despojarla de lo político, porque la política está en el dinero que gana, en la relación con su familia".

Al no introducir esa tipología de personajes, la novela del siglo XX se está "automutilando", apunta Gopegui, quien asegura: "yo intento escribir saltándome esa mutilación", aunque en ese empeño no se sienta sola.

Sin caer en la añoranza, la escritora percibe que la novela del siglo XIX sí incluía la política, y citas ejemplos tan evidentes como "Balzac, Kafka o todos los rusos".

"El padre de Blancanieves" (Anagrama) narra la historia de una profesora de instituto que verá cambiada su vida después del retraso en la entrega en su domicilio de una compra que ha hecho en el supermercado.

Una queja por el mal servicio causará el despido del empleado, quien se plantará en la puerta de su casa para que le consiga un nuevo empleo.

Preguntada por el propósito de la novela, Gopegui señala que su intención era "describir, y no sólo nombrar, al socialdemócrata que llevamos dentro, encontrar, por decirlo de otro modo, su código fuente".

Describir un perímetro, una figura, exige -subraya- construir además el entorno, algo que lo limite, y eso le lleva a los límites de esos socialdemócratas, los revolucionarios.

No cree Gopegui que ese 'socialdemócrata que llevamos dentro' sea un ser específico de su generación, los nacidos en los años sesenta, sino que es "un síntoma de la situación política que vivimos, en la que no hay ningún tipo de conflicto y nada relevante se pone en cuestión".

En la novela, asegura, "hay socialdemócratas y militantes revolucionarios de hoy, la mayoría nacidos en los ochenta, aunque no son aquellos militantes que, en el último tercio del siglo pasado, olvidaron el marxismo a velocidad supersónica, sino que son militantes que están aprendiendo".

Para combatir el miedo a lo desconocido, Gopegui ha imaginado un "ser colectivo, un ente, que habla y tiene conciencia de sí", algo que puede resultar difícil de imaginar, "pero no más que el viaje de un sollozo por un cable de teléfono o a través del aire".

En la novela, la autora ha introducido diez historias laborales, "historias de abyección profesional que no buscan recrearse en ella sino saber de qué se compone lo que nos hacemos, y lo que nos hacen".

Gopegui ha confesado que la idea de la presente obra surgió de la novela anterior, que trataba sobre Cuba y que suscitó bastante polémica política.

Para aquel texto "me puse en contacto con grupos de jóvenes militantes".

Pero también nació de un propósito: "hacer un arte afirmativo, que no se complazca en la derrota", anota, para después interrogarse: "¿se puede escribir una novela afirmativa, sin que sea un melodrama sentimental de Hollywood?".