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La Grand Place de Bruselas retrocede cinco siglos para homenajear a Carlos I

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La Grand Place de Bruselas, corazón de la capital belga, retrocedió anoche 460 años en el tiempo para recrear la visita histórica del rey Carlos I de España, en la que presentó al pueblo al infante Felipe II, futuro soberano de los Países Bajos.

Este escenario enmarcado por edificios góticos y barrocos acogió una nueva representación del Ommegang, un cortejo organizado en 1549 para rendir pleitesía al nuevo monarca, en el que participaron más de 1.400 figurantes ante unas 10.000 personas.

El pomposo desfile se reproduce cada año desde 1928, cuando se celebró el centenario de la independencia de Bélgica y el 379 aniversario de aquella jornada histórica en la que la entonces gobernadora de los Países Bajos, María de Hungría, y su hermano, Carlos I, presentaron al pueblo al heredero de la corona.

El monarca, nacido en Gante (Bélgica) en 1500 y criado en Flandes, hizo de Bruselas la capital de un Imperio en el que más tarde se diría que "no se ponía el sol".

Con motivo de su visita, los notables bruselenses le quisieron ofrecer "lo más bello que había en la ciudad", según dijo a Efe Paul Le Grand, vicepresidente de la Sociedad Real de Ommegang, organizadora del evento.

El cortejo respeta con la máxima exactitud posible todos los detalles históricos, desde la selección de los integrantes del desfile hasta su estética.

Las vestimentas, banderas y otros elementos se basan en pinturas y grabados de la época, mientras que la mayoría de los figurantes son descendientes de los Linajes (las siete familias gobernantes), los Juramentos (las milicias de la ciudad) y los gremios, los principales poderes económicos y políticos medievales.

El rojo y el verde de la bandera de la ciudad -adornada con el escudo San Jorge y el dragón- presidieron la colorida simbología del desfile, junto con el amarillo del Sacro Imperio Romano Germánico y su águila de dos cabezas.

Ante el soberano y su heredero desfilaron decenas de caballos exhibiendo los escudos de todos los territorios que componían el vasto Imperio Carolino, que abarcaba desde los reinos ibéricos de Castilla, León, Toledo, Sevilla, Córdoba, Granada o Gibraltar hasta Jerusalén y las Indias.

Mientras, los actores caracterizados como los monarcas y su corte degustaban jarras de cerveza, una bebida que ya se elaboraba en Bélgica en el siglo XVI y que fue introducida en España por Carlos I.

El espectáculo continuó con bailes de banderas, danzas populares, bufones, gigantes, carrozas y "Gilles", los personajes del popular Carnaval de Binche (sur de Bélgica) que lucen descomunales sombreros de plumas de avestruz.

Estos elementos folclóricos se incorporaron al desfile con el paso de los años, aunque sus orígenes fueron religiosos.

Siglos antes de su más esplendorosa manifestación, organizada para los Habsburgo, el Ommegang -palabra flamenca que significa "marchar alrededor"- era una procesión austera que salía en varias ciudades belgas, y una de sus versiones más célebres tenía lugar alrededor de la Iglesia de Nuestra Señora del Sablón, también en el centro histórico de Bruselas.

En homenaje a sus raíces, el Ommegang todavía conmemora el traslado de la "Virgen milagrosa" a este templo, sacando en procesión un pequeño paso con la imagen.

El cortejo se cerró con una exhibición de "echasseurs" o combatientes zancudos, una práctica tradicional de la ciudad valona de Namur, y con un espectáculo de fuegos artificiales.

El Ommegang atrae cada año a unos 40.000 espectadores -sumando los que se congregan en la Grand Place y en otros puntos de la ciudad-, de los que unos 1.500 provienen del extranjero, lo que concede al evento "un importante papel" en lo económico y lo social, según Le Grand.

El desfile fue contemplado por los Reyes de España en 2000 durante su viaje de Estado a Bélgica, y ese mismo año fue representado de forma excepcional en la Plaza Mayor de Madrid, con motivo de los centenarios de Felipe II y Carlos I.