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El Grand Slam es posible para el intrépido Federer

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Roger Federer describió el partido que ganó 6-3, 6-4 y 7-6 a Andy Murray en la final del Abierto de Australia como posiblemente el mejor de su carrera, y no era sólo para que el lloroso escocés se sintiera mejor.

Por improbable que suene, parece que el suizo, de 28 años y que ganó su decimosexto grand slam en Australia, sigue mejorando, lo que asusta a los jugadores que intentan mejorar sus vitrinas con grandes trofeos.

Pocos de los que vieron su juego ante Murray pueden dudar que Federer tiene posibilidades reales de emular a Rod Laver y llevarse los cuatro títulos del grand slam este año, especialmente ahora que Rafael Nadal, su némesis en tierra batida, tiene problemas en las rodillas.

Desde el punto de vista físico, Federer está en su punto álgido, y también parece haber hallado un nirvana emocional. Juega sin presión y para él, antes que nada, el tenis es divertido.

En Australia, al final de un intenso tercer 'tiebreak', parecía que pudiera seguir jugando toda la noche si fuera necesario, mientras que Murray, uno de los jugadores más resistentes del circuito, estaba agotado.

A nivel mental, Federer ha alcanzado la paz mental. La magia de convertirse en padre le ha dado un objetivo al margen del tenis. Puede que sus rivales esperasen que el matrimonio y sus hijas gemelas le ablandasen, pero parece que ha sido lo contrario.

"Mi juego no es tan agotador como el de otros jugadores. También creo que tengo una mente muy relajada cuando se trata de jugar al tenis", comentó Federer a los periodistas cuando se le preguntó si su dominio podría ir más allá de su 30 cumpleaños.

Si bien hace unos pocos años se vio lastrado por la presión de hacer historia, especialmente en el Roland Garros, donde Nadal destrozó su equilibrio, ahora parece que Federer juega por la emoción.

CAJA DE SORPRESAS

Contra Murray, el suizo pareció incluso crearse problemas a sí mismo en algunas de las jugadas sólo para tener que buscar una solución en su al parecer inagotable caja de sorpresas, ya fuera un golpe rasando la red o un derechazo lanzado desde los pies.

"De verdad quiero intentar disfrutar el final de mi carrera, porque ya he alcanzado muchos objetivos que pensé que nunca serían posibles. Quiero disfrutar del viaje, y eso es lo que estoy haciendo en este momento", dijo Federer.

"Siempre he tenido una visión clara de cómo es mi vida y qué me ha ayudado a atravesar las fases mejores y peores", añadió.

También desde el punto de vista técnico parece más sólido. Más partidario de matar rápido a su presa, las jugadas de 20 ó 30 golpes no eran su plato de gusto, pero en Australia devolvió con intereses los peloteos de Murray.

Así, su primer obstáculo para lograr los 19 gran slams en el Abierto de EEUU en septiembre es Roland Garros, donde consiguió desquitarse el año pasado ganando por fin el trofeo al hombre que venció a Nadal, Robin Söderling.

Su pista preferida es Wimbledon, y los jugadores que pueden ganarle en la hierba inglesa se cuentan con dos dedos, como mucho, si bien el año pasado el argentino Juan Martín del Potro sorprendió al suizo ganándole en la final e impidiéndole ganar su sexto trofeo consecutivo.

"No quiero pasarme todo el año intentando ganar el Grand Slam", dijo sin embargo Federer. "Es algo que si pasa, es genial, pero no es mi objetivo número uno. Pasará lo que pase".