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Los grandes bancos se la juegan en los detalles del acuerdo

Las necesidades de capital de los cinco grandes españoles serían de 13.000 millones

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La gran banca española juega hoy una batalla definitiva en Bruselas. De lo que allí se acuerde depende su futuro próximo. La fórmula para calcular la solvencia será vital para saber cuánto tendrán que incrementar su capital para llegar al 9% antes del próximo mes de junio. El plazo y la cifra son hasta ahora los únicos puntos que parecen cerrados de este acuerdo. Pero lo importante, a la hora de la verdad, es saber qué instrumentos van a contar como capital de primera calidad y qué parte de la deuda soberana van a tener que contabilizar los grandes bancos a precio de mercado y qué se incluye como tal, es decir, si cuenta la de las comunidades autónomas.

De momento, parece plausible que las obligaciones convertibles en acciones se incluyan como capital, al igual que se hizo con la mayor parte de ellas (las de vencimiento más próximo), aunque todavía no es definitivo, ya que eso supondría aplicar Basilea III y las autoridades alemanas están pujando por Basilea II, que es más beneficioso para sus entidades, ya que castiga menos a la banca de inversión.

De la inclusión o no de las convertibles se derivaría para la banca española una diferencia de más de 10.000 millones de euros en necesidades de capital, puesto que sólo Santander tiene 7.000 millones, Popular, 1.190 millones, y CaixaBank, otros 1.500 millones.

Algo similar, aunque en mucho menor cuantía, ocurrecon las provisiones genéricas, las que las entidades españolas están obligadas a dotar en épocas buenas para luchar contra la morosidad que aparecerá en las malas. Esta hucha tiene muchas menos posibilidades de sumar como solvencia de la mayor categoría, aunque sí podría contabilizar en un segundo paso, cuando llegue el momento de captar el capital en los mercados.

Si la definición última no es la más dañina para las entidades españolas, el capital que necesitarían (Santander, BBVA, CaixaBank, Bankia y Popular) podría rondar los 13.000 millones (de un global en Europa de unos 108.000 millones), que en la mayoría de los casos podrían acumular con movimientos internos, es decir, con nuevas emisiones de convertibles, con los propios beneficios, con las ampliaciones realizadas para pagar dividendos en acciones, con la venta de participaciones y con la reducción de sus activos de riesgo.