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Grecia encara su semana decisiva

La Eurozona está pendiente del voto del Parlamento al programa de ajuste

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Alivio y descontento. La primera palabra es la que define lo que se ha sentido el primer ministro griego, Yorgos Papandreu, al acabar la reunión celebrada este jueves y viernes en Bruselas; la segunda, es la que caracteriza la reacción del resto del país, y sobre todo para aquellos de los empleados de 700 euros (el equivalente a lo que en España se conoce como mileurista), al escuchar las nuevas medidas de ajuste anunciadas por el flamante ministro de Finanzas, Evángelos Venizelos, al rematar en los últimos días las negociaciones con los miembros de la llamada troika, la misión enviada por la Comisión Europea, el BCE y el FMI. El plan supone un ajuste del gasto de 28.000 millones, y privatizaciones por 50.000 millones.

Tras el acuerdo entre Venizelos y la troika, la cumbre europea dio la luz verde para el desembolso del quinto tramo de las ayudas previstas en el primer rescate de Grecia, de unos 12.000 millones de euros, que permitirán atender sus necesidades de financiación inmediatas. Fue desde luego un gran alivio para la delegación helena en Bruselas, más aún cuando este quinto tramo se ve acompañado por dos noticias más: la primera, sobre un nuevo rescate (unos 138.000 millones, según fuentes comunitarias) que asegurará la financiación del país hasta finales de 2014, y la segunda, sobre la concesión por parte de la Comisión Europea de un paquete de 20.000 millones para la promoción del empleo y obras públicas.

El segundo rescate podría suponer ayudas hasta finales de 2014

No obstante, los líderes europeos han puesto claramente el requisito: la aprobación del plan de ajuste, que se someterá en votación en el Parlamento griego la semana que viene. Y ahí está el problema. Si la moción de confianza a la que se sometió Papandreu hace un par de días fue una tarea más o menos sencilla para el Gobierno socialista de Pasok, la aprobación de este plan no está tan asegurada. La oposición ha declarado su pleno descontento con las medidas anunciadas, y el pacto de unidad nacional que los europeos piden que se consiga, se ve como una posibilidad cada vez más lejana. En la Plaza de Sýntagma se habla ya de una huelga general continua, más allá de las 48 horas de paro convocado por los sindicatos para la próxima semana.

Venizelos comentó, cuando anunció las nuevas medidas pactadas con la troika, que 'es un día duro para mí, porque sé que estas medidas son injustas'. La verdad es que los días realmente duros, no sólo para él sino para el Gobierno griego y quizá para la eurozona, serán los de la semana que viene.