Publicado: 07.04.2014 07:00 |Actualizado: 07.04.2014 07:00

El Greco: Altanero, lenguaraz y tibio con la religión

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Hace cuatro siglos fallecía en Toledo Doménikos Theotokópoulos. El artista, al que todo el mundo conoce como el Greco, siempre ha estado marcado de cara a la opinión pública por la profunda huella que dejó en la pintura gracias a sus retratos y lienzos de temática religiosa. Sin embargo, el paso del tiempo no hace sino acrecentar la controversia y misterio que rodean a la figura del cretense.

El catedrático de Historia del Arte de la Universidad Autónoma de Madrid Fernando Marías ha publicado la biografía Historia de un pintor extravagante (reeditada este año por Editorial Nerea) en la que desmiente algunos de los mitos creados en torno a él e intenta "trazar un Greco real no pintado por las fotos viejas", según ha explicado en una entrevista el también comisario de la exposición principal de este IV Centenario, 'El griego de Toledo'.

Por ejemplo, el artista, nacido en Creta en el año 1541, y criado en la tradición iconográfica y artística bizantina, "no tenía mucho interés" por la función religiosa de la pintura, a pesar de los numerosos encargos que recibió en este campo. "Se forma como un griego ortodoxo, pero tibio y laxo respecto a la religión", ha señalado.

Marías ha trabajado con más de 500 documentos y cerca de 3.000 palabras escritas por el Greco, actualizando la visión del pintor "castellano, religioso y místico" que se tenía a día de hoy. "Hay que disfrutar del Greco como un pintor muy importante y de enorme invención a quien le gustaba la belleza", ha destacado. "Hay que recuperar una imagen más completa y compleja del artista, más verídica desde el punto de vista histórico, porque es algo que le adeudamos. Que la imagen se pliegue más a los deseos del Greco, reflejando la suya propia y no la nuestra del año 1900", ha explicado.

"Él pensaba que no tenía fortuna en la vida. Estuvo en números rojos todo el tiempo"Y precisamente la imagen que el Greco tenía de sí mismo no era muy buena o, por lo menos, se consideraba poco afortunado. "Él pensaba que no tenía fortuna en la vida. Estuvo en números rojos todo el tiempo y no le daba para todo lo que quería tener. Además, como retratista y pintor religioso, a diferencia de lo que se cree, no tenía una clientela muy importante, era gente normal pero no las grandes instituciones eclesiásticas", ha matizado.

Tras la lectura de algunos de sus escritos, Marías reitera el gusto del artista por la belleza. Una de las frases con la que se ha topado durante la indagación de los nuevos documentos --varios escritos por el propio artista-- deja claro cuál era su guía: "la belleza lo abrasa todo".

No todo fueron facilidades para el Greco cuando se traslada a la España de Felipe II, atraído por las posibilidades que cree ver en la obra de El Escorial. Su carácter, el de una persona "muy altanera, altivo y lenguaraz", le llevó a perder algunos encargos e incluso a granjearse una tibia relación con la Iglesia.

El pintor fue recibido en España como "un extranjero más", pero las dificultades de hoy en día para los inmigrantes no son las mismas que entonces. "No había facilidades, pero porque venía mucha gente preparada, como los franceses o los flamencos, para labores de artesanía que los españoles no sabían hacer. Era mano de obra especializada y de calidad", ha destacado.

Los últimos años del Greco, recluido en una ciudad de Toledo donde nunca se llegó a integrar del todo, le sirvieron al artista para entregarse a esa búsqueda de la belleza "en un reflejo o en un atardecer" y en volver a sus raíces bizantinas. "Se hace más el Greco, rebusca en su fondo y en su experiencia cretense bizantina y extrema su capacidad de pintar como retratista lo visible y lo invisible. Intenta estudiar los efectos de la presencia de lo divino en la tierra y conciliar esa imagen de presentar como algo vivo fenómenos que no son habituales", ha señalado.