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"Nunca se gritó 'Viva La Pepa'"

El historiador José María García León asegura que no hay nada que justifique que, hasta hoy, se conozca por ese nombre aquel histórico texto

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El historiador José María García León, uno de los mayores especialistas en el periodo que rodea a la Constitución de 1812, asegura que nunca en aquel tiempo se gritó 'Viva La Pepa' y que no hay nada que justifique que, hasta hoy, se conozca por ese nombre aquel histórico texto.

'Es una leyenda posterior, lo afirmo rotundamente', explica en una entrevista este historiador, que publica ahora Las Cortes en la Isla de León, un libro en el que analiza cómo fueron los cinco meses que los diputados doceañistas pasaron en 1810 en San Fernando, antes de trasladarse a Cádiz.

Fue, según cuenta el historiador, el periodo 'embrionario', en el que las Cortes, en una ciudad sitiada por los franceses, decidieron hacer la constitución que casi dos años después se promulgaría en Cádiz para introducir en España conceptos tan modernos como la soberanía nacional, la división de poderes o la libertad de imprenta.

Su libro, que tiene en la portada el logotipo La Pepa 2012, forma parte de los actos de conmemoración que este año se celebran en San Fernando para recordar aquellos cinco meses, entre el 24 de septiembre de 1810 y el 20 de febrero del 1811, y que culminarán en Cádiz en 2012 con la celebración del Bicentenario de la Constitución.

García León se sumergió en este periodo hace años al comprobar el 'vacío clamoroso' de estudios que existía sobre este periodo. Y lo hizo buceando en archivos, actas, la prensa de esta época, en la que 'nació la moderna crónica parlamentaria', libros de memorias de los protagonistas, o los diarios de las sesiones parlamentarias, otra aportación de aquella Asamblea.

Todo ello le sirvió para publicar hace años Los diputados doceañistas, donde hizo el primer recuento firme de los 305 diputados que formaron las Cortes y contó sus historias y las aventuras que pasaron para llegar hasta allí, especialmente los 67 que viajaron desde Hispanoamérica y los tres que lo hicieron desde Filipinas, uno de ellos, con 70 años, en un viaje en barco que duró nueve meses.

Y, ahora, este profesor de la Universidad de Cádiz se ha propuesto contar en 'Las Cortes en la Isla de León' los primeros cinco meses que las Cortes pasaron en San Fernando y 'tomar el pulso' a esta localidad, en la que los diputados se refugiaron por miedo a contagiarse de la fiebre amarilla que, como cada final de verano, se extendía por Cádiz.

'No descansaron, incluso algunos domingos tenían reuniones', explica el historiador, mientras cuenta que, aunque fueron muy revolucionarios y avanzados para su época, tenían prohibida la entrada de las mujeres a las sesiones.

El historiador no duda en decir que hoy, ante la conmemoración del Bicentenario, 'se fantasea mucho' sobre aquel momento.

Según sus investigaciones, la promulgación de la constitución el 19 de marzo de 1812 no fue ni mucho menos un estallido de júbilo popular en las calles gritando 'Viva La Pepa', un término que no ha encontrado por ningún lado en su investigación.

'Ese día hacía un día de perros, no había nadie en la calle. La constitución fue una revolución burguesa de una minoría de intelectuales', asegura, mientras apunta que, si esto era así en Cádiz, para qué hablar del resto de aquella España, bajo el manto de José I, hermano de Napoléon, en un momento en el que 'el noventa por ciento de los españoles eran analfabetos' y no existían medios de comunicación. 'No se enteró nadie', asevera.

Cuando Carlos IV, tras ser liberado en Francia, regresó a España, 'no sabía qué hacer' con aquella Constitución y, al ver 'que nadie levantaba un dedo por ella', la abolió.

'Aquella constitución apenas tuvo proyección nacional, no dio tiempo a que se implantara hasta el trienio liberal, entre 1820 y 1823', señala García León.

'Deja un sabor agridulce', sentencia este historiador, que hoy presenta su libro en la sede de la Compañía de María, el edificio que albergó estas cortes en San Fernando y que ha sido recientemente restaurado.