Publicado: 13.02.2014 07:00 |Actualizado: 13.02.2014 07:00

Un grupo de universitarios crea una plataforma solidaria para poder pagar sus estudios

Frente a los recortes de Wert, el ‘Movimiento Doctor Love' vende pulseras en las calles de Madrid para 'becar' a quien lo necesite

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"Algunos no tenían ni para comer". Así explica Alejandro Bescos, cofundador de la Plataforma Movimiento Doctor Love y estudiante de Ciencias Políticas, en qué situación se encontraban algunas de las seis personas que crearon este proyecto, hace ya más de un año, para poder hacer frente al pago de sus estudios universitarios. En la actualidad son casi una veintena.

"Nos encontramos en una situación muy complicada", explica el joven. "Yo tenía que pagar mi alquiler, mis estudios, había tenido un hijo y, además, no tenía beca", añade. "Es decir, no tenía nada", resume. Y es que, como él, el curso pasado, más de 30.000 universitarios no pudieron pagar su matrícula debido al incremento del precio de las tasas y a los nuevos requisitos que se implantaron para acceder a las becas que —según el consejero andaluz de Economía, Antonio Ávila— deja a 340.000 universitarios sin ayuda económica.

Movimiento Doctor Love nació entre un grupo de amigos que tenía dificultades económicas pero, viendo que el éxito cada vez era mayor a la hora de vender pulseras, decidieron lanzarlo como "una plataforma abierta para que todo universitario que esté en una situación complicada tenga la posibilidad o esperanza de salir hacia algún sitio", explica el estudiante de Políticas.

'Doctor Love' lleva más de 50.000 pulseras vendidasPara ello, crearon unas pulseras para venderlas y, así, poder conseguir el dinero necesario para poder costearse sus estudios universitarios. Lo que empezó como una fiesta entre amigos acabó convirtiéndose en todo un "estilo de vida". "Hemos llegado a ser casi 40 miembros que funcionábamos casi como una bolsa de trabajo", detalla el estudiante de Políticas. "Llegaron incluso familias con problemas para que les ayudáramos, por lo que hemos creado una pulsera —la blanca— con la que el 10% del beneficio está dedicado a niños con riesgo de exclusión social", añade.

"No quiero ser rico, quiero poder tomarme un café", explica Alejandro  "Nosotros no pedimos sin dar nada a cambio —agrega Bescos— nosotros vendemos una pulsera con la que reciben ofertas  y descuentos en establecimientos (tiendas, bares, discotecas), ofrecemos un servicio a cambio y así nosotros (con la venta de las pulseras) podemos tener una vida cuando menos aceptable". "No quiero ser rico pero quiero poder tomarme un café", sentencia.

Llevan vendidas más de 50.000 unidades y con el dinero no obtienen beneficio ya que todo es para "el alquiler de la oficina y un pequeño remanente para el próximo pedido", asegura Bescos. En la actualidad, además, se encuentran inmersos en la creación de una red social y la aplicación para smartphones ya que, a través de páginas como Twitter, Instagram o Facebook, tienen un gran número de seguidores.

Y es que se trata de un movimiento que busca "la positividad". "Las cosas malas vienen constantemente y hay que afrontarlas luchando fuerte. Somos como una gran familia", manifiesta Alejandro. "Esa ha sido nuestra premisa. Aquí ha venido gente muy mal y con problemas gordos de verdad y quitarles la idea de que se vayan a su casa a Sevilla por quedarse y luchar es un trabajo muy gratificante", añade.

No es la primera vez que unas manos anónimas trabajan para poder ayudar a aquellos estudiantes que no pueden acceder a la universidad debido a problemas económicos. En julio de 2013, un vecino de Alcoi (Alacant) donó 10.000 euros para evitar que alumnos del Campus de la Universitat Politècnica de Valencia abandonen sus estudios por no poder pagarlos. El requisito exigido por este anónimo era que el dinero fuera destinado a alumnos que hubieran demostrado, "con su voluntad y su trabajo constante", que quieren seguir estudiando. El donante no pedía alumnos con currículos excelentes, sino esfuerzo y unas calificaciones asequibles.

Por su parte, las universidades también han comenzado a hacer sus esfuerzos para que, tras la subida de tasas y demás recortes del ministro José Ignacio Wert, sus alumnos puedan permanecer en ellas. La Universidad Complutense de Madrid (UCM), por ejemplo, instauró en mayo de 2013 la posibilidad de que los estudiantes fraccionaran su deuda pendiente. Además, la UCM ha recurrido a fondos privados para que sus alumnos no tengan que dejar las aulas.

"Las cosas malas vienen constantemente y se afrontan luchando fuerte"

También la Universidad de Málaga (UMA) puso en septiembre un sistema que consiste en "apadrinar" estudiantes para que ninguno se quede sin su matrícula, al no conseguir la nota mínima exigida, siempre que los recursos de la familia sean "extremadamente bajos", declaró la rectora de la UMA, informa Europa Press. Además, la máxima responsable de la institución y expresidenta de la CRUE, Adelaida de la Calle, expresó que, en materia de investigación, estaban buscando financiación "por todos los lados".


Tanto este movimiento como otros llevados a cabo por las universidades en busca de fondos privados han sido criticados por ser los que buscan soluciones y medidas para hacer frente a los recortes en Educación, cuando "debería ser la Administración" la que tomara y llevara a cabo las decisiones necesarias para que miles de universitarios no se vean excluidos del sistema educativo. Algunas de estas voces críticas plantean que la Administración ve cómo sus castañas son sacadas del fuego por otras organizaciones o personas anónimas o privadas y, por tanto, puede que esto les ubique en una cómoda posición que les permite no hacer nada.

"Ayudar a una persona a que se quede y luche es muy gratificante"

De hecho, el pasado mes de septiembre, y tras conocer la iniciativa de la UMA, el rector de la Universidad de Sevilla —Antonio Ramírez de Arellano— resaltaba que la preeminencia de la financiación pública debe mantenerse y "no confundirse con la caridad", al tiempo que advertía de que no se deben mezclar conceptos como el mecenazgo y el patrocinio, ya existentes en las sedes universitarias a pesar de la "poca tradición" que hay en el país, informa Europa Press.

Pero estas no son las únicas trabas que el Ejecutivo de Mariano Rajoy  y otras Administraciones ponen a los jóvenes estudiantes para poder pagarse los estudios. De hecho, los chicos de Doctor Love han visto cómo a principios de año la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, les prohibía vender sus pulseras en la calle, como hasta ahora habían hecho. Y ello gracias a la nueva norma de convivencia ciudadana que ha implantado el Ayuntamiento.

"Es un decreto que nos capa, no sólo a nosotros, también a gente muy necesitada que intenta sacarse las castañas del fuego como puede", denuncia. "Pero también a eso le hemos buscado una solución, porque si no, nos quedamos en la nada de nuevo", presume. Su salvación pasa por "negociar" con los dueños de los kioscos de la capital para que les presten su espacio para poder vender los complementos. "Si el Gobierno quiere joder a los pocos que están sacando las cosas, ¡ellos mismos!", bromea. "Los particulares, los de abajo, están ayudando para que eso no pase. Al menos lo intentamos mediante un fin social", concluye.