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Händel en el país de los samurais

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La cineasta y narradora alemana Doris Dörrie ha llevado a Händel al país de los samurais y el resultado es una deliciosa producción, rebosante de comicidad, de su ópera "Admeto, rey de Tesalia".

Dörrie, conocida internacionalmente sobre todo por películas como "Hombres" o "Nadie me quiere", lleva algunos años trabajando en el mundo de la ópera, y ha montado, entre otras, "Così fan tutte", "Turandot", "Rigoletto" o "Madama Butterfly".

Ahora ha venido a Edimburgo con Händel y la Orquesta del Festival Internacional de Gotinga (Alemania), integrada por músicos de prestigiosos conjuntos dedicados al período barroco, y la compañía "Mamu Dance Theatre", creada en 1992 por el coreógrafo nipón Tadashi Endo, un especialista en un tipo de danza conocida como butoh.

Los diez bailarines que integran la compañía funcionan en la ópera de Händel a modo de coro mudo y se metamorfosean lo mismo en furias que acosan como buitres al rey Admeto, que diablos que torturan en el Hades a su esposa, Alceste, en mansas ovejas que acompañan a la rival de ésta, Antígona, o en ciervos y soldados.

El reino de Admeto es el de la corte japonesa, con sus samurai -los trajes, bellísimos, recuerdan los que llevan los personajes de las películas de Kurosawa- y una sombra, interpretada por el propio coreógrafo, sigue siempre a Alceste cuando regresa al reino de los vivos tras ser rescatada del infierno por un Hércules que presenta figura y movimientos de luchador de sumo.

El escenario es minimalista y consiste en una gran pantalla que se ilumina de un color distinto en cada escena y unas cortinas que abren y cierran los cantantes y bailarines.

Pocas veces la música de Händel ha sonado tan bella como bajo la dirección del británico Nicholas McGegan, conocido especialista en el compositor alemán, y en las voces de Marie Arnet (Alceste), Kirsten Blaise (Antígona) o Tim Mead (Admeto), entre otros.

Del presente festival de Edimburgo, que se aproxima a su fin, se recordará también el impactante "Fausto", en una adaptación libre de Goethe, que trajo el Teatro Nacional Radu Stanca, de Sibiu (Rumanía), bajo la dirección de Silviu Purcarete.

Un espectáculo que produce un impacto casi visceral con sus escenas de bestialismo y su más de un centenar de actores, con un Fausto pederasta -soberbio en ese papel, Ilie Gheorge- y una todavía más extraordinaria Ofelia Popii, que encarna un Mefistófeles que cambia continuamente de sexo y lo mismo aparece como un oficinista de aspecto algo kafkiano que como una aristócrata con peluca.

Entre otros espectáculos que han llamado también la atención está "La Última Bruja", de Roma Munro, inspirado en la historia de una tal Janet Horne, que fue quemada en la hoguera en Escocia en 1727, acusada de hechicera por el sheriff, su despechado amante.

El festival de este año estaba dedicado al Siglo de las Luces, y al celebrarse el 250 aniversario del "Cándido", de Voltaire, parecía oportuno que un grupo australiano trajese aquí una adaptación al teatro de esa famosa novela, interpretada por nueve actores, entre ellos el cómico Frank Woodley.

En el apartado operístico cabe también mencionar un original montaje de "Il Ritorno di Ulisse in Patria", por la compañía de marionetas surafricana Handspring, a la que se puede perdonar que se tomase más de una libertad con la ópera de Monteverdi, eliminando escenas y personajes.

Otra ópera presentada en el festival es la titulada "St Kilda, la Isla de los Hombres Pájaro", que no es una ópera convencional sino una producción multimedia con un fuerte elemento musical.

Joaquín Rábago