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"Estoy harta de traducir tanta guerra"

Traductora. Novelistas españoles y latinoamericanos se disputan sus servicios, tras recibir varios premios

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No aprendió español en un colegio sino viajando por Latinoamérica en la década de los ochenta. La traductora Anne McLean (Toronto, 1962) ha ganado por segunda vez el Premio Independent Foreign Fiction Prize por su traducción de Los ejércitos, del colombiano Evelio Rosero. No es un galardón cualquiera: sus 12.000 euros se reparten a partes iguales entre el autor del libro y su traductor. Hace cinco años, McLean ganó por primera vez el premio tras trasladar al inglés Soldados de Salamina, de Javier Cercas. Y eso no es todo: otra de sus traducciones Los informantes, del también colombiano Juan Gabriel Vásquez ha sido finalista este año. McLean, por tanto, está hasta en la sopa. La primera traducción del español al inglés de esta canadiense afincada en el norte de Inglaterra fue Reyita, sencillamente: Testimonio de una negra cubana nonagenaria, de María de los Reyes Castillo Bueno, un libro del que sólo recuerda que era 'muy raro y muy oscuro'.

Este año ha habido dos finalistas colombianos en el Independent Foreign Fiction Prize. ¿Qué tiene la literatura colombiana que no tengan otras literaturas latinoamericanas?

Es una casualidad que hayan coincidido dos colombianos traducidos por mí, pero es un buen momento para la literatura colombiana. Este premio es único porque reconoce al 50% al traductor; otros lo reconocen al 25% o al 15% en la distribución del dinero. Mis colegas dicen que es insólito.

¿Son Rosero y Vásquez hijos del realismo mágico de Gabriel García Márquez?

No creo que tengan ninguna influencia de Gabriel García Márquez. Las descripciones que hacen de los paisajes no son tan exóticas. Además, Rosero es del sur de Colombia, casi de Ecuador; y Vásquez, de Bogotá. García Márquez, por su parte, es del Caribe. Colombia es un país con mucha diversidad. Las influencias de Rosero y Vásquez no son nacionales. Provienen, entre otros, de Salman Rusdhie, en el caso de Vásquez, y de Juan Rulfo, en el caso de Rosero.

¿Qué relación mantiene con los autores cuando los traduce?

Me suelo relacionar más con ellos si los conozco de antemano, aunque no siempre tengo la oportunidad. A Vásquez lo conocí antes de traducirlo. Como habla muy bien inglés, le hice bastantes consultas. A Rosero no lo conocí, pero Vásquez me ayudó a traducir los coloquialismos de su libro. En total le habré consultado 6 o 7 veces. Rosero tiene una prosa muy poética, que es más difícil de traducir.

El libro de Rosero, protagonizado por un profesor jubilado, narra la destrucción de una ciudad debido a la guerra que acecha a Colombia desde hace años. ¿Cómo definiría a Ismael, el personaje central de la historia?

Como un viejo verde y una víctima inocente de la guerra. Ismael ha resultado ser un narrador muy incomodo para mí.

Soldados de Salamina, de Javier Cercas, también hablaba sobre la guerra. ¿Es un tema inevitable?

Siempre que a algún escritor le interese. Cercas se ha alejado de la guerra con Anatomía de un instante, que voy a traducir también al inglés. La guerra, por desgracia, es parte de la vida. La novela permite abordar el asunto desde perspectivas diferentes. El ensayo histórico tiene que explicar cosas que la ficción no puede y inversa; la novela provoca reflexión y duda; la historia, no.

También ha traducido Enterrar a los muertos, de Ignacio Martínez de Pisón, otra novela sobre la Guerra Civil. ¿Qué tienen de común las guerras de España, Colombia y otros lugares del mundo?

Son horribles y se convierten en un tema literario eterno. Estoy harta de traducir tanta guerra. Suscita interés en los escritores porque lleva a los personajes a situaciones límite.

Los ingleses hablaban de la Guerra Civil española cuando los españoles acataban el famoso pacto del silencio. Ahora, todos, españoles e ingleses leen best-sellers sobre la guerra del 36. ¿Afecta al conflicto del mismo modo a todos los lectores?

No, no es posible. Para unos, es un tema cercano, al menos geográficamente; para otros, es más lejano. Pero lo que está claro ese que se está produciendo un boom de libros sobre la Guerra Civil.

A menudo se dice que se publican demasiados libros. ¿Comparte esa opinión?

Sí, se publican demasiados y cada vez resulta más difícil distinguir los buenos de los malos porque hay que leer más para detectar los buenos, que son los menos.

El escritor Anthony Burguess dijo que la traducción no es sólo cosa de palabras. ¿Suscribe está afirmación?

Completamente. La traducción literal de las palabras es la muerte de la literatura.

¿Cuando traduce un libro, tiene presente al autor y las circunstancias en las que se ha escrito el texto?

El problema es el narrador, no el autor. Hay que separar al autor del narrador. Cercas, por ejemplo, juega mucho con eso. A veces, el narrador se llama Javier Cercas y otras veces, no. Los escritores malos son los únicos que no logran distinguirse del narrador.

¿Una traducción puede llegar a ser mejor que el texto original?

La mayoría de las veces, no. Una traducción sólo puede mejorar al original si el autor ha alcanzado todo su potencial. Mis traducciones no son mejores porque yo elijo autores buenos. Pero los cuentos de Edgar Allan Poe, por ejemplo, son mejores en castellano, en las versiones de Julio Cortázar, que en inglés.