Público
Público

"Hay que reinventar el rol del mercado y el papel del Estado"

Marco Enríquez-Ominami. Candidato a la presidencia de Chile. Procede de la bancada socialista, pero se desmarcó para revolucionar el panorama político

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Hijo del fundador del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), Miguel Enríquez, asesinado por la Policía secreta de Pinochet, Marco, con sólo 36 años, ha irrumpido en el mapa político de Chile con tal fuerza que todos le temen.

Usted sigue de cerca la política francesa. ¿Reconoce haberse inspirado en Olivier Besancenot, el líder neotroskista del NPA?

No, somos muy distintos. Como apunta usted, Besancenot se define como postroskista, yo no. Él logró menos del 5% en las elecciones europeas y a mí me han elegido diputado con el mayor número de votos en el distrito en el que me presentaba.

¿Cómo se define políticamente?

De izquierda. Mi procedencia es el socialismo. Me han intentado calificar de derechista porque considero que no sólo hay conservadores en la derecha, si no también los hay en la izquierda. Los conservadores no me gustan, vengan de donde vengan.

¿Qué pretende construir?

Una candidatura presidencial decidida a demostrar que un ciclo político ha terminado en Chile. Que tenemos un sistema político podrido. Que la monarquía borbónica presidencial vigente está agotada. Esto supone que la Concertación [de centroizquierda, en el poder] se reinvente, porque está en crisis, y por lo tanto ayudaremos activamente a crear una coalición política distinta.

Usted ha vuelto a abrir el debate sobre el aborto, que en Chile está prohibido, incluso si está en riesgo la vida de la mujer o el feto es inviable. ¿La izquierda no quiere legislar sobre ese tema?

Nosotros presentamos un proyecto para despenalizar el aborto terapéutico; es decir, para los casos en los que esté en riesgo la vida de la madre. Y 55 diputados de la Concertación decidieron votar en contra.

Pero parece conservador no contemplar el aborto como un derecho de la mujer sobre su vida reproductiva.

En 2006 presentamos una moción en esos términos y recuerdo que el obispo de Santiago salió en las primeras páginas de los principales diarios de Chile diciendo que yo era poco menos que un asesino. En el Parlamento ni siquiera permitieron que el proyecto se discutiera. No hay que olvidar que el divorcio se legalizó a finales de 2005, lo que demuestra que la clase política chilena es muy cerrada.

¿Qué temas deben identificar a la izquierda real?

En Chile, se ha abandonado asuntos importantes, como el tributario o los derechos civiles. Se ha asumido una administración del modelo con correcciones menores, pero jamás se ha discutido el rol del mercado o el papel del Estado. Hay que reinventarlos. Acabamos de hacer una reforma al sistema de pensiones, que está en manos privadas, y nadie de la izquierda entró en el fondo del asunto, que es si las jubilaciones deberían ser manejadas por el Estado o no. Pinochet tuvo mucho éxito al imponer la idea de que debatir la función del Estado es de mal gusto.

Varios países del cono sur están revisando sus constituciones, ¿cree necesario modificar la chilena?

Tenemos un presidencialismo tan exacerbado que plantea un nuevo equilibrio en el poder para caminar hacia un semipresidencialismo me parece crucial. Sé que es una propuesta audaz para mi país pero menos es modificar un poquito el sistema vigente.

La presidenta Michelle Bachelet ha puesto en marcha un modelo de protección social desconocido en Chile.

Es cierto pero hay que profundizarlo. Hemos llegado a tener más guarderías que nunca, pero permanecen cerradas en verano cuando hay 300.000 mujeres que trabajan y ellas también tienen hijos. Existe un programa para entregar raciones alimenticias a 700.000 niños, pero no funciona los sábados ni los domingos. Con esto quiero decir que tenemos un sistema de protección social bueno pero que no aprovecha los recursos actuales para ir más lejos.

Usted formó parte de la Concertación. ¿Le genera alguna contradicción competir contra sus antiguos compañeros?

En Chile tenemos un sistema binominal que genera competitividad desde el momento en el que los partidos comienzan a confeccionar sus listas electorales. Estoy seguro de que la elección presidencial de diciembre será una primaria en donde podrá medirse la izquierda y al final será el candidato más votado quien dispute la segunda ronda al candidato de la derecha.

De ganar la derecha, ¿asumiría su parte de culpa por haber divido los votos de la izquierda?

Ha habido errores, como la corrupción o la puesta en marcha de un sistema de transporte público desastroso. La Concertación ha hecho grandes cosas, pero también se ha opuesto a hacer grandes transformaciones sociales.

¿Por qué ha decidido ser candidato presidencial?

Hay motivos coyunturales y otros trascendentes. Entre los primeros está el lamentable espectáculo de los líderes de la Concertación. El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, llegó a evaluar qué trabajo era mejor, si continuar al frente de la OEA o concurrir a la carrera presidencial de su país. Ricargo Lagos no quiso someterse a las primarias porque sólo deseaba la coronación. Eduardo Frei era el mal menor. Mi motivación es que tengo una gran oportunidad para hacer transformaciones políticas, en derechos civiles, en previsión social o en dinamizar la economía.

¿Cree que puede ganar las elecciones sin tener detrás la estructura de un partido político, como es su caso?

Yo renuncié al Partido Socialista porque no me permitió competir en las primarias. A diferencia de Olivier Besancenot, a mí sí me interesan los partidos. En estos pocos meses hemos ido construyendo una tremenda comunidad virtual que se ha concretado en redes de apoyo en las distintas regiones del país.

Entonces, ¿creará un partido?

Queremos formar una nueva mayoría. No llevaremos lista parlamentaria, queremos ayudar a que los comunistas (que marcan el 7% en la intención de voto) lleguen al Parlamento para apoyar las buenas cartas que tiene la Concertación.

¿Descarta apoyar a los candidatos de derecha?

No, no lo hemos descartado.

¿Cómo explica esto?

Un ejemplo. Cuando presenté la ley de aborto, hubo un diputado de la derecha que votó a favor, mientras 55 diputados de la Concertación lo hicieron en contra. Por supuesto que me entiendo mejor con ese diputado de derechas que con los 55 de la Concertación. Entre un conservador de izquierdas y un liberal de derechas, me quedo con el último.

¿Qué le queda de su padre?

La audacia y el sentido del humor, según dice mi madre.