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Hélène Berr, la belleza contra la barbarie nazi

Aparece Diario (Anagrama), los escritos de una estudiante francesa y judía exterminada por los nazis en 1945

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'¡Horror, horror, horror!'. Estas son las últimas palabras que escribió Hélène Berr en su diario. Están fechadas el martes 15 de febrero de 1944 en París. En abril de 1945, moría en el campo de exterminio de Bergen-Belsen (Alemania).

Berr tenía 24 años cuando falleció, no se sabe bien si de tifus o de una paliza. Era francesa, buena estudiante de filología inglesa en La Sorbonna, perteneciente a una familia parisina acomodada y con unas inmensas ganas de vivir y disfrutar de la belleza de la vida: 'Es tan corta la vida y tan preciosa (...). Cuando escribo desaparecer no pienso en mi muerte porque quiero vivir', redactó en octubre de 1943. Pero Berr también era judía y los nazis no vieron más allá. La belleza sucumbió así a la barbarie, al horror.

Ahora se acaba de publicar en castellano este Diario (Anagrama) que Berr escribió entre 1942 y los días previos a su detención, en 1944. Hace un año, la aparición de la primera edición en francés (editorial Tallandier, Hélène Berr Journal) supuso una revolución en el mercado galo. Pronto se convirtió en un best-seller con más de 100.000 ejemplares vendidos y traducciones a 20 idiomas. El original, que la sobrina de Berr, Mariette Job, había entregado en 2002 al Memorial del Holocausto de París, también había suscitado ya un enorme interés. Con él, las visitas a este museo habían aumentado notablemente, según la responsable de sus archivos, Karen Taïeb, una de las principales impulsoras de su publicación.

El motivo del éxito de este libro se encuentra en la voz literaria de Hélène Berr. Según las palabras del escritor Patrick Modiano; si esta joven francesa no hubiera muerto, estaríamos ante una Simone Weil o Hanah Arendt.

Berr, enamorada de la literatura las notas del diario eran para una futura novela y muy influenciada por escritores anglosajones como Shakespeare y John Keats, logra indagar en el alma humana y transmitir esa sombra negra que se cierne sobre París.

También muestra cómo ella sufre al ver un horror que no parecen ver los demás. Sin embargo, en Diario confirma su voz propia al esquivar la romántica melancolía de Keats: 'No quiero tener experiencia, no quiero llegar a hastiarme, a desengañarme, a envejecer', escribe. Ante estas palabras, el lector empatiza con esta joven que busca lo que cualquiera a los 20 años, aunque sea bajo la amenaza de la muerte.

Una religión, no una raza

Cuando apareció el libro en Francia, se etiquetó a Hélène Berr como la Anna Frank francesa. Nada más lejos de la realidad. La joven parisina nunca se encerró en un ático como la niña holandesa. Hélène Berr era una mujer independiente, que caminaba por el París ocupado, porque quería seguir respirando el aire de los jardines de Luxemburgo y de los Campos Elíseos. Era su forma de resistencia ante los nazis, a pesar de saber que en cualquier momento podría ser detenida. En Berrno existe la ingenuidad de Anna Frank. Tampoco la deshumanización de otros relatos de supervivientes como Primo Levi.

Junto a la exaltación y la alegría menor a medida que pasan las páginas, Berr deposita serias reflexiones. Una de las más interesantes es sobre el judaísmo. 'No, yo no pertenezco a la raza judía (...), el judaísmo es una religión y no una raza', apunta Berr, quien ante todo se siente francesa. Por eso le duele llevar la estrella amarilla que identificaba a los judíostras una ley alemana de 1942 que la convierte en extranjera, en la otra en su propio país. Y, por eso, tampoco está de acuerdo con los guetos de judíos: 'Justifican el nazismo. Cuanto más se apretujen en un gueto, más se les perseguirá', redacta.

Hélène Berr no quería morir, pero sabía que algo podría pasarle. Por tal motivo, dejó su diario a su cocinera Andreé, quien se lo envió al prometido de Berr, Jean Morawiecki. Este lo tuvo guardado durante más de 50 años, hasta que Mariette Job se lo pidió. Hoy es uno de los mejores documentos para comprender la barbarie. Ya lo confirmó la sobrina de Berrtras la publicación en francés: 'Cuando los alumnos leen lo que sintió Hélène el primer día que llevó la estrella, todos lo entienden. Si hablas de cifras de judíos muertos, ni ponen atención'.