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Henry reanima al Barça

Guardiola recurre a sus estrellas, en el banquillo al principio, para asegurar su récord de puntos

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Por demérito del colista y la gracia de Henry, el Barça amanece hoy reforzado en su liderato y con la desconcertante sensación de haber superado una prueba sólo a medias. Recogió los tres puntos que buscó, de noche y antes de tiempo, en Jerez, y se contentó con seguir llenando un depósito que llegará intacto A Coruña. Sometido a los efectos de dos partidos fabulosos, cargados de tensión y mundialmente seguidos, el Barça descendió al infierno de la más pura cotidianeidad de forma abrupta, sin más aliciente que el de dar un nuevo mordisco a la clasificación, aunque tuviera un punto de artificio, y la exigencia de superar una prueba que Pep Guardiola había anunciado dura.

Lo fue, quizá incluso más de lo esperado por el técnico azulgrana, que cambió la cara al equipo con efectos contraproducentes. Necesitadas de descanso las estrellas,Messi, el flamante Balón de Oro, se quedó en el banquillo; Piqué, en Barcelona, reponiéndose de sus achaques, e Iniesta, al lado del técnico, tomándose un respiro. Sin ellos, el Barcelona que compareció en Jerez fue un espectro, un equipo ramplón, incapaz de exhibirse y proclamar su buen fútbol en el peor encuentro del curso.

Recuperado por fin para el once azulgrana, Bojan trató de asumir el reto lanzado por Guardiola y demostrar que, también este curso, el Barça es capaz de superarse en los partidos toscos y poco apetecibles. Le buscó la espalda al colista, le trató de burlar, pero su intento de reivindicación duró apenas diez minutos, lo que tardó en apagarse su chispa. Falto de lucidez Xavi, el equipo no encontró vías para quebrar la defensa gaditana, casi mejor colocada que la del Barça, que sufrió cada vez que Bergantiños encaró a Márquez.

Suerte tuvo el Barça del descanso y también de Henry, que sólo esperó un minuto para convertir en gol las escaramuzas de los primeros 45. Su testarazo en el primer palo, a centro de Maxwell, fue un alivio para el Barça y motivo suficiente para que Guardiola decidiera recurrir al Balón de Oro, en su intento de amarrar un partido que seguía sin ver claro. No iluminó el gol a su equipo, que se expuso a un peligroso toma y daca, y a las idas y venidas de un encuentro sin orden ni concierto que el Xerez trató de rentabilizar. Sólo la evidente falta de recursos del colista minimizó las dificultades de los azulgrana, incómodos en todas las zonas del campo.

Sobrado de talento en el banco, Guardiola le dio entrada en dosis progresivas y a Messi le siguió Ibrahimovic, antes de que Iniesta saltara también al césped para intentar gobernar el desgobierno. Apenas tuvo tiempo de hacerlo, aunque a punto estuvo de marcar, ya casi en el descuento, como Messi, que envió un chut al palo, antes de que Ibrahimovic, ya fuera de tiempo, rematara la faena y dulcificara el sufrimiento.