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La heredera designada tiene difícil la victoria

Al recibir el apoyo del partido mayoritario en Brasil, el PMDB, la candidatura de la sucesora designada por Lula, Dilma Rousseff, está empezando a tomar oxígeno.

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Al recibir el apoyo del partido mayoritario en Brasil, el PMDB, la candidatura de la sucesora designada por Lula, Dilma Rousseff, está empezando a tomar oxígeno. Hasta ahora, sus posibilidades parecían escasas pese a la inmensa popularidad de su mentor debido, de una parte, a la condición de favorito del candidato del conservador Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), José Serra, actual gobernador de São Paulo; y, de otra, al surgimiento de sólidas alternativas de izquierda. Entre estas últimas descollan el socialista Ciro Gomes, la antigua petista Heloísa Helena y la ex ministra de Medio Ambiente Marina da Silva, que se pasó al Partido Verde (PV).

La ex guerrillera Dilma Rousseff ha logrado el apoyo del partido mayoritario

La ex guerrillera Rousseff ocupa el tercer lugar en las encuestas, por detrás de Serra (que ronda el 40% de los votos) y de un Ciro Gomes en franco ascenso, que ha demostrado que puede dar sorpresas en la carrera presidencial (algo más del 20%, frente al 17% de Dilma). La candidatura de Marina da Silva, cuarta en los sondeos, también puede hacer daño al PT, pues muchos votantes de izquierda, sobre todo jóvenes, lo tendrán difícil para escoger. Ambas tienen en común su fama de ética intachable y espíritu trabajador. Las distingue su modelo de crecimiento: para Dilma, centrado en el crecimiento, y para Marina, en la sostenibilidad.

El acuerdo con el PMDB llega como caído del cielo, pero en el PT no lo ven del todo claro. No pocos militantes creen que migrar hacia la candidatura de Ciro sería la opción más viable. Prima el desencanto con Dilma, pero Lula no deja ver una mínima fisura en su firme apoyo a su delfina. Lo demostraba recientemente cuando la tormenta política desatada por el apagón del 10 de noviembre salpicaba a Dilma y el presidente colocaba al ministro de Energía, Edison Lobão, en el centro del debate.

Además, algunos petistas recelan de que el pacto salga adelante. En Brasil, los trámites formales no empiezan hasta pocos meses antes de los comicios, por lo que este acuerdo no será ley hasta junio de 2010. Y una minoría de la militancia del PMDB apoya a José Serra. El propio Ciro Gomes ironizó sobre este asunto poco después de que Lula y el líder del PMDB, Ricardo Berzoini, acordasen concurrir con el mismo programa electoral: 'Falta saber si el PMDB entrega la mercancía', dijo.

De todos modos, Lula se ha adelantado a la oposición y está más cerca de conseguir el respaldo de la mayor formación política de Brasil, la que cuenta con el mayor número de alcaldes, gobernadores y parlamentarios. Lo que, entre otras cosas, le sirve en bandeja al PT muchos minutos de propaganda en radio y televisión.

La pregunta está clara: ¿conseguirá Lula transmitir a su candidata, una práctica desconocida, siquiera una parte de su carisma? El mandatario está llegando al final de su segundo mandato con más del 80% de popularidad.

El problema es que Lula, sobre todo a partir del mensalão (escándalo por la compra de votos de parlamentarios) de 2005, es visto como una entidad autónoma. Su imagen parece estar a salvo de los problemas del partido, mientras que Rousseff resulta una especie de catalizadora del desgaste del su partido.

El PT se enfrenta a una situación particular: tiene al presidente más popular de la historia de Brasil, pero no a quien pueda sucederlo. En gran parte, porque los principales cuadros del partido lo han ido abandonando en los últimos años (como Heloísa y Marina Silva) o bien han perdido su prestigio tras verse envueltos en escándalos de corrupción (como José Dircey y Eduardo Suplicy). Y de esa falta de presidenciables vino la elección de la ex guerrillera, con escasa experiencia política y un 40% de rechazo popular inicial.

Hay quien aduce que las elecciones están todavía a un año. Pero los analistas recuerdan que, en los tres comicios anteriores, las líneas maestras electorales estaban claras 12 meses antes de la cita con las urnas. Sólo una cosa está clara: la lid será apasionante.