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El heredero de la dinastía Frei

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Muchas tardes de su juventud las pasó en los patios del Palacio de La Moneda, mientras su padre, Eduardo Frei Montalva, era presidente de Chile (1964-1970). Ingeniero de profesión, Frei formó varias empresas cosechando bastantes éxitos.

Sin embargo, en 1987 decidió cederlas bajo un fideicomiso para iniciarse en la carrera política. En 1990 obtuvo un escaño en la Cámara Alta y cuatro años después fue candidato presidencial de Concertación, la alianza que reúne a su partido, la Democracia Cristiana y socialistas, entre otros.

Tras vencer en las urnas, se destacó por abrir la economía chilena al mundo durante su mandato de seis años. Firmó tratados comerciales con la Unión Europea, Japón y Estados Unidos, entre otros países. En esos años, Chile registró los más altos índices de crecimiento macroeconómico.

Unos datos ensombrecidos por la recesión derivada del desplome de las economías asiáticas que tuvo que afrontar al final de su mandato. A Frei se le considera un político parco, de poco encanto y mala dicción. Su personalidad gris le resta apoyo popular, como han demostrado los sondeos.

Mientras estaba en la presidencia, se produjo la detención del general Pinochet en Londres por orden del juez Baltasar Garzón. Por aquellos días, Frei decidió defender la libertad del militar, arguyendo la independencia de los tribunales chilenos para juzgarlo.

El entonces presidente no fue tampoco particularmente receptivo con las agrupaciones de víctimas de violaciones de derechos humanos. Por ironías del destino, hoy se sabe que este candidato a la presidencia se ha convertido él mismo en una víctima de la dictadura de Pinochet, ya que un juez determinó las semana pasada que su padre fue asesinado por agentes del Estado, en su lecho de un hospital, en 1982. D