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Las heridas de Barthes en un diario de duelo

Entre 1977 y 1979 el semiólogo francés relató su dolor tras la muerte de su madre

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El semiólogo francés Roland Barthes (Cherburgo, 1915-París, 1980) no superó la muerte de su madre. Henriette Binger, de 84 años, murió un 25 de octubre de 1977. Él lo haría sólo tres años después, atropellado por un coche en una calle parisina adyacente a la Universidad de la Sorbona. Barthes pasó toda su vida junto a ella y por eso el desgarro fue tan brutal que lo plasmó en Diario de duelo, editado ahora por primera vez en castellano por Paidós.

Este libro, escrito entre el 26 de octubre de 1977 un día después de la pérdida de su progenitora y el 15 de septiembre de 1979, no es, en realidad, un libro al uso. Está compuesto por breves notas que expresan el estado de ánimo de Barthes y que el ensayista escribió en pequeñas cuartillas. En ellas intenta racionalizar el dolor interrogándose por el significado del duelo, sin nombrar nunca a Dios u otras cuestiones religiosas que suelen servir como asidero ante pérdidas dramáticas.

Esta búsqueda de sentido casa con el pensamiento de Barthes, lingüista perteneciente a la corriente del estructuralismo del suizo Ferdinand de Saussure y la deconstrucción del filósofo francés Jacques Derrida: en su obra siempre se preguntó por los múltiples significados de los textos. Ese es el motivo por el que en este Diario de duelo analiza cómo su luto aparece primero como emoción y se vuelve aflicción, pura tristeza y pena sin concesión. Su mayor sorpresa es que este sufrimiento le hace ser consciente por primera vez de su propia muerte. De su mortalidad.

Para intentar comprender lo que le ocurre, Barthes acude a los escritos de Marcel Proust sobre la muerte de su propia madre. De ahí que se detenga en un texto de 1921 en el que reflexiona: 'Si yo estuviera seguro de volver a encontrar a mamá, moriría de inmediato'. Pero nadie está seguro de eso.

En busca del duelo fluido

El semiólogo también intenta canalizar el dolor transformando su duelo. Porque se ha dado cuenta de que no le valen las manidas frases que hablan del tiempo como el fiel curandero de todos los males. El 13 de junio de 1978 escribe: 'No suprimir el duelo, sino cambiarlo, hacerlo pasar de un estado estacionario a un estado fluido'.

También es consciente de los cambios que provoca el dolor en su carácter. Barthes no se esconde ante la irritabilidad que ahora le provoca el mundo. Nota la imposibilidad de amar más. 'La desolación se instala, el narcisismo deja lugar a un egoísmo triste, a una ausencia de generosidad', escribe el 1 de agosto de 1978.

Por supuesto, Roland Barthes también baja a la arena y al dolor más prosaico: 'Crisis de aflicción. Lloro', escribe el 12 de junio de 1978. La última entrada, del 15 de septiembre de 1979, es estremecedora: 'Hay mañanas tan tristes...'.