Publicado: 17.08.2014 11:35 |Actualizado: 17.08.2014 11:35

Un herido grave por disparos de la policía tras el toque de queda en Ferguson

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Al menos una persona ha resultado herida grave y otras siete fueron detenidas durante los disturbios que se repitieron esta noche en la ciudad estadounidense de Ferguson, donde decenas de manifestantes desafiaron el toque de queda decretado por las autoridades, una semana después de la muerte de un adolescente de raza negra.

La policía disparó botes de humo y gases lacrimógenos para tratar de dispersar a varias decenas de manifestantes que provocaron los incidentes en esa ciudad del estado de Misuri, donde el joven Michael Brown resultó muerto por disparos de un policía en circunstancias aún por aclarar.

La Patrulla de Caminos del estado de Misuri confirmó en rueda de  prensa que siete personas habían sido detenidas en los altercados con la policía y un hombre había recibido un disparo en el lugar de la protesta y que se encontraba en estado crítico.

La policía aseguró que se vio obligada a lanzar gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes y que los agentes recibieron algún disparo desde donde se producían las protestas, aunque no hubo heridos entre los agentes.

Esta madrugada, cientos de manifestantes furiosos por la muerte del adolescente negro salieron a las calles, solo unas horas antes de que comenzara el toque de queda.

El gobernador Jay Nixon declaró el sábado estado de emergencia en Ferguson, en un intento por restablecer el orden tras una semana de fuertes protestas. El toque de queda abarca desde la medianoche hasta las 5.00 de la mañana hasta nuevo aviso, dijo el capitán de la patrulla de carreteras, Ron Johnson.

Johnson fue nombrado por el gobernador Nixon esta semana para supervisar la seguridad en el condado de St. Louis, donde se han registrado violentas manifestaciones tras la muerte a tiros el 9 de agosto de Michael Brown, de 18 años.

El ambiente entre los cientos de manifestantes en una calle importante de Ferguson era tenso y desafiante el sábado por la noche, en un marcado contraste a la atmósfera festiva del jueves. Decenas de policías en con chalecos antibalas se alinearon a los lados del camino bajo la lluvia.

"Soy un hombre grande, 24 años", dijo el manifestante Phonso Scott. "Puedo estar aquí afuera por el tiempo que quiera. Estaré aquí a las 12:01, 12:02".

"El toque de queda hará las cosas peor", sostuvo. "Creo que los policías se van a poner violentos esta noche, pero no nos pueden encerrar a todos".

Más temprano el sábado, Nixon y otros funcionarios se vieron cara a cara con los enojados miembros de la comunidad durante una tensa conferencia de prensa en una iglesia cercana a Ferguson.

"Los ojos del mundo están mirando. Esta es la prueba para ver si una comunidad, esta comunidad, cualquier comunidad, puede romper el ciclo del miedo, la desconfianza y la violencia, y sustituirlo por la paz (...) y, en última instancia, por la justicia", dijo Nixon.

Algunos en la multitud reaccionaron enojados a la noticia y varios dijeron que el oficial de policía que mató a Brown debía ser enjuiciado por asesinato si se quería restablecer la paz. Hubo gritos de "manos arriba, no disparen", una frase que se convirtió en grito de protesta en Ferguson esta última semana.

Pero Nixon dijo que la seguridad pública tenía que ser resguardada. "No podemos tener saqueos y crímenes por la noche, no podemos tener a gente con miedo", dijo.

La violencia estalló después de que el oficial de policía de Ferguson Darren Wilson, de 28 años, disparase y matase a Brown poco después del mediodía del pasado sábado.

El incidente se produjo mientras Brown caminaba junto a un amigo por una calle que da al complejo de departamentos donde vive la abuela del joven fallecido.

Los ánimos han estado caldeados toda la semana pero subieron aún más de temperatura la noche del viernes cuando manifestantes avanzaron por un distrito residencial y comercial que convirtió en el centro del malestar, enfrentando a manifestantes en su mayoría negros contra policías en su mayoría blancos.

El sábado, la gente que marchaba por calles de la ciudad llevaba carteles que decían "las vidas negras importan" y "no dispare".

Durante días, la familia y simpatizantes de Brown exigieron conocer el nombre del oficial. El Departamento de Justicia de Estados Unidos está investigando el episodio para ver si hubo violaciones a los derechos civiles y la policía del estado de St. Louis también está investigando los disparos.

Durante días, la policía se negó a divulgar el nombre del oficial, argumentando preocupaciones por su seguridad. El viernes, el jefe de la policía de Ferguson, Tom Jackson, dijo que Wilson fue el oficial involucrado en el asesinato.

Pero en lugar de calmar a los manifestantes, Jackson avivó las tensiones cuando anunció que Brown era sospechoso de un robo en una tienda al momento de recibir los disparos, algo que los simpatizantes de la familia de Brown calificaron como una campaña de difamación.

Los saqueos del viernes por la noche comenzaron en la misma tienda donde Brown fue acusado de robar cigarrillos, dijeron oficiales.

Jackson fue obligado más tarde a reconocer en una conferencia de prensa que cuando Wilson disparó a Brown, el oficial no sabía que el adolescente era sospechoso de robo. Los disparos ocurrieron después de que el oficial le dijese a Brown y a su amigo que salieran de la vía por la que él iba conduciendo.

El activista de derechos civiles Al Sharpton dijo que encabezaría una manifestación con la familia de Brown en Ferguson el domingo.

Otras agencias policiales criticaron al departamento de policía de Ferguson por intentar relacionar el supuesto robo con el asesinato y por difundir un video desde el interior de la tienda que muestra a Brown empujando violentamente a un vendedor antes de salir por la puerta del establecimiento.

"No tenemos nada que ver con la difusión de ese video", dijo Brian Schellman, portavoz del departamento de policía del condado de St. Louis, que está liderando la investigación local sobre el asesinato de Brown.