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Los hijos de Milos Forman, nómadas de las variedades y la belleza rara

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Hace cien años eran comunes los circos con "parada de monstruos", lo que en checo se llama "obludarium", un espectáculo de belleza rara y fascinante que los hijos de Milos Forman han querido recuperar para vagabundear por el mundo haciendo un teatro cómplice y artesanal, poblado de prodigios y quimeras.

Los "Forman Brothers" son Petrl y Matj, los gemelos que hace 45 años tuvo con su segunda esposa el director de "Amadeus" y "Alguien voló sobre el nido del cuco", aunque ellos no son los únicos mellizos de Forman porque con su tercera mujer tiene otra pareja, Andrew y Jim, de 11 años.

"Es todo tan hollywoodense... Está claro que es mi padre el 'culpable' de la herencia gemelar", dice divertido Petrl Forman en una entrevista con Efe tras concluir su participación en el Festival València Escena Oberta (VEO), desde donde viajarán a Italia para volver, en mayo, a España y actuar en Segovia, Valladolid y Burgos.

Igual que su padre, que acaba de cumplir 78 años, decidió a finales de los 60 radicarse en Estados Unidos, ellos se quedaron en la Checoslovaquia comunista, junto a su madre, y fue allí donde los hermanos descubrieron su pasión por el teatro alternativo, por los espectáculos construidos con sus manos de principio a fin y por el nomadismo.

"Mi padre -dice Petrl- está muy orgulloso de nosotros y de lo que hacemos y sabe que esto es lo que nos gusta y lo que queremos hacer. No creo que hagamos nunca cine".

Para cada proyecto de los "brothers" se junta un nuevo equipo de actores, músicos y técnicos porque su búsqueda de la originalidad, de lo diferente, precisa actitudes vitales distintas "y además, -ríe de nuevo Petrl- eso es lo que hacen los vagabundos: aparecer y desaparecer. Esto no es un compañía estable".

Pero no todo es "maravilloso" en el vagabundeo porque a veces el agua de los depósitos de las caravanas en las que viajan se congela, no para de llover durante los tres días que tardan en montar y desmontar el teatro o se rompe alguna conexión sustancial, detalla Forman.

En "Obludarium", un espectáculo que montan en un teatrillo que parece una pajarera, con capacidad para sólo 140 espectadores, sentados en "localidades" tan inusuales como sillines de bicicleta o "banquillos", son quince los "elegidos" para "hacer de todo", entre ellos el segoviano Fernando Solís, que se encarga del sonido.

Cuatro de los componentes hacen de mujeres barbudas, de "grandes mentes checas", forzudos o patinadores autómatas, mientras que Petrl asume el papel de director de pista, el de enano maligno y el de tramoyista y manipulador de marionetas gigantes.

Es en esa última faceta, en la "titiritera", donde Forman reconoce "cierta" influencia del teatro checo, pero, subraya, "poco más, porque el teatro o el circo estaba prohibido y, por supuesto, no había tradición de espectáculos callejeros o alternativos".

Todo lo "suyo", además, es más grande que "lo convencional", de forma que, por ejemplo, su increíble marioneta de un caballo ocupa todo el escenario, a lo ancho y a lo largo, montada por una de las actrices mientras Petrl sube y baja por el juego de contrapesos que lo hace moverse.

Su hermano, que estudió animación gráfica y que en "Obludarium" se ha dedicado, "excepcionalmente", sólo al diseño del espectáculo, comparte con él un "sueño teatral", del que no les hace falta hablar porque se comunican "sólo" con mirarse.

"Aunque haya espectáculos muy buenos en el resto del mundo, este es nuestro sueño compartido, nuestra forma de entender el teatro y no hay nada que se le parezca en ningún otro sitio", afirma.

Petrl tiene tres hijas, con las que vive en Praga, y dice que no las empujará a la actuación, como tampoco lo hicieron con ellos, aunque, "probablemente" algo llevaran "en la sangre", porque su madre también es actriz.

"La verdad es que para mí siempre fue fácil imaginar cosas, mientras que estaba claro que era un estúpido para las matemáticas o para las ciencias. Por eso me dedico a esto", ríe modesto.

Concha Barrigós