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La histeria por el déficit

La recuperación invisible y el partido de ping pong entre Zapatero y Rajoy

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El banco norteamericano Goldman Sachs vaticinó que la economía española podía crecer simbólicamente en el tercer trimestre de este año y dejar así atrás, en términos estadísticos, la recesión. Se equivocó. Merrill Lynch predice ahora que España registrará un modesto crecimiento en el cuarto trimestre. Quizá no se equivoque. ¿Y qué? En cada uno de los tres meses de este cuarto trimestre, el paro registrado va a subir de manera significativa. Lo ha hecho en octubre, volverá a experimentarlo en noviembre, según se podrá comprobar la semana próxima, y diciembre no se quedará atrás.

Los políticos se sitúan a sí mismos en el trance de decir ciertas cosas que resultan incomprensibles para la población, como por ejemplo, esto de la recuperación invisible. Ayer, el Gobierno norteamericano anunció la primera revisión de la tasa crecimiento del 3,5% en el tercer trimestre, anunciada hace dos semanas, dejándola en el 2,8%. Y en el nuevo cuadro de cifras resulta esclarecedor que buena parte del crecimiento de los meses de julio, agosto y septiembre se debe al sector del automóvil y al resurgimiento del sector de la vivienda. En ambos ha estado la mano visible del Gobierno, ya que el milagro de este tercer trimestre, ahora recortado, han sido las ayudas a las compras de coches y el crédito fiscal para la compra de primera vivienda.

Precisamente, en EE.UU ya es un hecho que el programa de ayuda a la compra de primera vivienda con un crédito fiscal de 8.000 dólares, que vencía el 30 de noviembre, será extendido tanto en el contenido como en el plazo. Ahora va a cubrir no solo la adquisición de la primera vivienda y durará hasta el 30 de marzo de 2010. Y ya veremos.

La dependencia de la economía asistida por el Estado y el milagro de esta recuperación no se limita a Estados Unidos. Ayer, la cancillera alemana, Angela Merkel, informó que el programa de jornada reducida, la Kurzarbeit, que mantiene a 1,4 millones de trabajadores fuera de la estadística del paro, será prorrogado a su vencimiento. Se baraja llevarlo hasta diciembre de 2010. Las empresas alemanas estaban abocadas a despedir masivamente una parte considerable de los trabajadores en jornada reducida (entre el 60 y el 70% de sus salarios, recortados, los paga la Seguridad Social germana y el 30 o 40% las empresas), lo que llevaría el número de parados a los 5,5 millones, pero el nuevo Gobierno ya ha decidido continuar con el sistema.

Los gobiernos tratan de ganar tiempo a la espera de la anhelada reactivación mundial

Es una medida para ganar tiempo. En realidad, ¿qué Gobierno no está tratando de ganar tiempo, a la espera de que una anhelada recuperación mundial ayude a relanzar el comercio y con ello las exportaciones? Pero como decía el pasado lunes en estas páginas William White, ex economista jefe del Banco de Pagos Internacionales de Basilea y actual presidente del comité de desarrollo económico y supervisión de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), la idea de que llegará un reequilibrio mundial en el cual los países con superávit comercial, como China, India, Alemania y otros, van a reducir su cuota de mercado a favor de aquellos con déficit es una ilusión. Y esto vale, entre otros, para España, habida cuenta de que la fortaleza del euro ya se encarga día a día de recordarlo.

Ahora bien, si Zapatero anuncia una incomprensible recuperación invisible, Mariano Rajoy sigue estando afectado por el virus de la histeria del déficit público, y dirá, a mucha honra. Como Zapatero, Rajoy lee mucho desde hace meses informes económicos y textos de macroeconomía. El lunes pasado, Rajoy advirtió correctamente que salir de la crisis no es crecer unas décimas, que la alternativa a la situación actual no es el estancamiento. Pero, al tiempo, dijo que los españoles están ahorrando porque no confían en Zapatero, que es un problema de confianza.

Debería llegar a conocer Rajoy la célebre paradoja del ahorro formulada por John Maynard Keynes. Cuando tiene lugar una crisis como la actual, tipificada por un sobreendeudamiento y la baja del precio de los activos -es decir, por presiones deflacionistas- la gente ahorra e intenta reducir su deuda. La paradoja consiste en que si todos se comportan de ese modo el objetivo individual no se conseguirá nunca porque la demanda de consumo caerá más y con ello la economía en general. La deuda, que seguirá estando donde estaba, en términos nominales, será más importante todavía porque los ingresos se verán reducidos.

Rajoy propone reconducir, de manera urgente, la dramática situación, afirma, de las cuentas públicas. Esta es, para él, la tarea prioritaria. Si uno se toma en serio su prédica, Rajoy parece creer que existe un signo igual entre el presupuesto público y el de las familias y empresas. Problema: no es igual. El presupuesto público tendrá que soportar con su déficit el proceso de desendeudamiento de empresas y familias y esperar a que el nuevo ahorro pueda ser canalizado hacia la inversión.