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Historia de una extorsión

Durante semanas, un pequeño empresario fue amenazado por cuatro hombres para que entregara 200.000 euros. Tras la detención de los delincuentes, la víctima cuenta su calvario

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Aún tiene mucho miedo. Tanto, que este hombre, que ronda los 60 y es propietario de una pequeña empresa, pone dos condiciones para acceder a contar su historia: 'No pongas ni mi nombre ni la localidad dónde vivo'. Sólo entonces, Roberto (el nombre supuesto con el que quiere que se le identifique) comienza a relatar el 'infierno que he vivido': un intento de extorsión dirigido por otro industrial que le acusaba de no pagarle una deuda ficticia. Dos semanas de llamadas y amenazas que concluyeron cuando agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil detuvieron a los cuatro presuntos implicados.

'Todo empezó un jueves recuerda Roberto. Al salir de casa temprano para ir al trabajo, encontré en el parabrisas de mi coche un sobre'. Cuando lo abrió, se inició su pesadilla: había un teléfono móvil, tres fotos en las que aparecían su casa, uno de sus vehículos y una nave de su propiedad como demostración de que lo habían seguido y una carta. 'Me decían que debía a alguien 200.000 euros y que ellos se iban a encargar de cobrarlos. También me ordenaban que no me separara de ese móvil y que no avisara a la Policía. Si lo hacía, amenazaban con secuestrar a mi mujer'.

Los extorsionadores simulaban acento ruso al telefonear a la víctima

Roberto, sin embargo, decidió no seguir todas las instrucciones. 'Llamé a un guardia civil al que conocía y le conté todo lo que pasaba. Para que no me vieran entrar en el cuartel si me vigilaban, quedé con él en una cafetería y le pedí que fuera sin uniforme'. A partir de ese momento, agentes del Instituto armado se convirtieron en su sombra.

Los extorsionadores no tardaron en ponerse en contacto con él. 'El sábado, sobre las siete y media de la tarde, mientras paseaba con mi mujer, sonó el móvil. Casi no atiné a responder de lo nervioso que me puse'. Al otro lado, un hombre que simulaba acento ruso le exigió la entrega del dinero. 'Le dije que no tenía todo, sólo 80.000 euros, y me insistió que la entrega sería inmediata'.

Esa noche, los delincuentes volvieron a llamar. De nuevo las prisas. De nuevo el acento ruso. 'Les aseguré que el dinero me lo daría el banco el martes siguiente porque el lunes era fiesta, que había tenido que pedir dos créditos para poder pagarles. Tenía tanto miedo, aunque había conmigo guardias civiles, que sudaba por todo el cuerpo'.

La Guardia Civil arrestó a dos de los delincuentes al recoger el dinero

Al día siguiente, y ante el temor de que los extorsionadores tomaran represalias, los responsables de la investigación decidieron que la mujer de Roberto se fuera de la vivienda y se ocultara bajo protección en Madrid. 'Cuando volvía a casa en el coche con un amigo, el hombre con acento ruso me volvió a llamar. Me insistió que quería cobrar los 80.000 euros cuanto antes y que el resto, hasta los 200.000, sus supuestos jefes aceptaban recibirlos en pagos fraccionados más adelante'.

Las siguientes jornadas, Roberto las pasó en su domicilio, sentado delante del televisor y con los dos móviles, el suyo y el que le dejaron en el parabrisas de su coche, sobre la mesa. A su lado, en todo momento, agentes especializados de la UCO le decían lo que tenía que decir cuando llamaban los extorsionadores y le prestaban apoyo psicológico para que no se derrumbara.

Dos detenidos han enviado desde prisión una carta pidiendo perdón

'Hubo hasta 25 llamadas metiéndome prisa para que pagara y diciéndome diferentes lugares donde entregar el dinero', recuerda Roberto, al que los extorsionadores iban presionando cada vez más al darle detalles por teléfono que le hacían sospechar que se encontraban en las inmediaciones de su domicilio. También hubo tres días seguidos en los que no hubo ningún contacto. Los investigadores temieron haber sido descubiertos. Luego supieron que, sencillamente, aquellos días los delincuentes habían estado detenidos por trapichear con drogas.

Finalmente, y tras rechazar Roberto por indicación de la Guardia Civil varios de los lugares que los delincuentes proponían para hacer la entrega, se concretó la misma en una gasolinera. 'Dejé el coche aparcado con las puertas abiertas y una mochila con el dinero en el asiento del copiloto. Luego me alejé caminando. Al rato, oí voces. Los guardias civiles acaban de detener a dos de ellos. Fue como en las películas', recuerda.

Tras aquellas primeras dos detenciones, la UCO ató cabos hasta llegar a los otros dos implicados días más tarde, entre ellos el empresario que supuestamente encargó la extorsión. Los otros tres resultaron ser matones de discotecas relacionados con el tráfico de droga a pequeña escala y con antecedentes por propinar palizas.

'El día que me comunicaron que habían detenido al último, pude por fin respirar tranquilo', reconoce Roberto ahora. Hace unos días, dos de los extorsionadores le enviaron una carta desde prisión pidiéndole perdón. Él no les ha respondido. 'No tengo que perdonar nada, es la Justicia la que tiene que decir qué va a ser de ellos'. Mientras llega el juicio, Roberto dice que ya sólo espera poder olvidar. Por ello, insiste: 'No ponga ni mi nombre ni la localidad donde vivo'.