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Un hombre causa un baño de sangre en Alabama

El asesino mata a diez personas, entre ellos varios familiares, y se suicida

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Nadie sabe, de momento, los motivos que llevaron a Michael McLendon a ser el último nombre en engordar la negra lista de protagonistas de masacres en Estados Unidos. El martes por la tarde, armado hasta los dientes, sembró el pánico en un tranquilo pueblecito de Alabama, dejando a su paso 10 muertos. Perseguido y acorralado por la Policía, finalmente se suicidó.

Los detalles sobre la vida de este joven de 28 años se van conociendo poco a poco, como que se había preparado para ser agente de policía, sin superar el examen de ingreso, o que la semana pasada se despidió de su trabajo en una fábrica de salchichas. Todo el mundo coincide en que era un chico normal.

La sangrienta orgía comenzó en su propia casa, a la que prendió fuego con su madre dentro. De ahí, McLendon se dirigió hasta Samson, una localidad cercana dentro de los límites de Geneva County, y mató a su abuela, su tío y dos primos. El resto de las víctimas fueron elegidas al azar, casi todas asesinadas en los porches de sus casas. Los vecinos describieron la escena como dantesca, con el sonido de los disparos tatuado para siempre. Los rastros de sangre aún seguían visibles horas después de la masacre.

Persecución policial

Perseguido por la Policía, el asesino condujo unos 20 kilómetros hasta una fábrica donde tiempo atrás había trabajado. Tras hacer frente a los agentes, se escondió dentro y se quitó la vida. En total había pasado poco más de una hora desde que empezara todo.

"Es verdaderamente una de las cosas más horribles que recordemos haya pasado nunca en Alabama", dijo el coronel Christopher Murphy, del departamento de Seguridad Pública.

Entre las víctimas se encuentran la mujer y el bebé de Josh Myers, ayudante del sheriff de Geneva County, que estaban visitando a unos vecinos cuando McLendon se cruzó en su camino. Myers acudió en ayuda de sus compañeros al escuchar lo que estaba pasando por la radio de su patrulla sin saber todavía que su mujer y su bebé estaban entre los muertos.

Sus otros dos hijos pequeños se salvaron de milagro. "Lo vieron todo. Me han preguntado dónde está mamá y les he dicho que con Jesús", dijo ayer Myers a los medios. "Se suponía que tenía que ser yo al que dispararan ahí fuera, no a mi familia", señaló el policía local. "Nadie debería pasar por esto", afirmó sujetando las fotografías de su mujer y sus hijos.

La masacre más reciente tuvo lugar en diciembre en California, donde un hombre disfrazado de Papa Noel irrumpió en una fiesta de Navidad y mató a nueve personas antes de suicidarse.