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¿El hombre o el guepardo?

Usain Bolt ha sido elegido como el deportista extranjero del año en la encuesta de Público

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Los guepardos son los depredadores más rápidos del mundo, capaces de alcanzar los 112 kilómetros por hora. Hace tiempo, Bolt reconocía que les tenía miedo porque podían correr más rápido que él. Hoy ya no lo parece. El mes pasado estuvo en Kenia como embajador del deporte y decidió adoptar un cachorro por el que pagó 9.500 euros. ¿Se imaginan ustedes al hombre más veloz del mundo frente al animal más rápido? Hay que dar tiempo. Bolt se ríe cuando se lo preguntan.

Bolt, en realidad, es un hombre con una confianza infinita en sí mismo. Hace dos años, su entrenador, Glen Mills, lo veía como un atleta para el 400 y no creía en él para los 100 metros. Pero Bolt no se detuvo hasta convencerlo a partir de una apuesta a todo o nada. 'Si yo batía el récord de Jamaica de 200 de Don Quarrie (19.86), vigente desde 1971, él me dejaría entrenar los 100. Hice 19.75 en los campeonatos de mi país y tuvo que prepararme'. En el primer hectómetro de su vida, hizo 10.07 en una carrera imperfecta. 'Era la primera y tenía que ser así', recuerda a menudo. 'Apenas sabía despegar los tacos de la salida, pero lo importante es que me di cuenta de todo lo que tenía que trabajar'.

El resultado se apreció en los Juegos de Pekín, donde rebajó el crono a 9.69 'porque ya tenía bien trabajada la salida'. El pasado verano dio un paso adelante. Se aproximó a lo inhumano en los Mundiales de Berlín (9.58), pero todavía no le parece suficiente. Él no es un guepardo, pero su entrenador le ha dicho que puede dejar 'el récord en 9.52' y su cabeza negocia esa idea. '¿Quién sabe hasta dónde puedo llegar?', pregunta en voz alta.

Bolt temía a los felinos porque corrían más rápido que él

El misterio le fascina. De niño se reconocía 'un poco vago', pero ahora, que se siente en posesión de la historia, le encanta entrenarse. Sobre todo, porque el resto de su vida sigue siendo la de siempre. 'Salgo con mis amigos, voy al cine y juego a los videojuegos'.

Apodado El relámpago (por razones obvias y porque eso, relámpago, es lo que significa su apellido en inglés), Bolt es un tipo obediente que profesa devoción por su entrenador: 'Yo no puedo contradecir al experto'. Un día, Mills lo convenció de que antes de correr no podía escuchar reggae y nunca lo hace.

En realidad, compite como vive: nunca se preocupa y jamás habla de la presión como un inconveniente. Toda esa alegría que contagia su presencia, en la que sus anchas espaldas y sus kilométricas piernas sostienen una cabeza diminuta, se refleja en la pista. Hay veces en las que no puede esperar a que pasen los nueve segundos que dura la carrera para escenificar su euforia, como sucedió en Pekín. Él lo niega: 'Hay que decir la verdad, no da tiempo a pensar. Si lo haces, pierdes'. Pero si llega ese día en el que pierda, no dramatizará. 'Si realmente he intentado ganar, podré sonreír igual'.

Su entrenador le convenció para no escuchar reggae antes de las carreras

A Bolt parece imposible verlo enfadado, quizá porque el carácter de Jamaica es así. Allí la pobreza acostumbra a trabajar duro, 'porque es la única manera de salir adelante'. Allí también nació Bob Marley que, entre su célebre herencia, tiene aquella frase que les dijo a sus compatriotas: 'Cada hombre debe tener derecho a elegir su destino'.

Bolt ha tenido ese derecho en un país de 2,7 millones de habitantes del que salen velocistas a mansalva. Ha salido él y por eso siempre recuerda que 'a los 15 años, hubo un entrenador que vio mis marcas y me dijo que podía ser muy bueno'. De lo contrario, tal vez hubiera seguido jugando al fútbol y hoy no diríamos de él que es el único hombre de la tierra que puede desafiar a los guepardos.

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