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Sobre hombros de gigantes

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La historia de las mujeres ha estado dominada por la negativa a sus derechos, quedando reducidas a sus funciones sociales y vetadas durante mucho tiempo al mundo del saber. En la actualidad, la situación de la mujer ha cambiado sustancialmente; son incuestionables sus derechos y la posición que ocupa en todos los ámbitos de la sociedad.

A finales del siglo pasado la doctora Gro Harlem Brundtland se convirtió en primera ministra de Noruega, siendo la primera mujer que ocupaba ese cargo en Europa. Muchos de sus ciudadanos pensaban que una mujer no podía con esta responsabilidad, y preveían una corta duración de su mandato y un final desastroso. Sin embargo, fue primera ministra durante más de 10 años, con rotundos éxitos políticos para su país y el conjunto de la Unión. Años más tarde, Gro Brundtland conoció una conversación que se había producido mucho antes de su mandato en el patio de un colegio. Un niño presumía que de mayor quería ser primer ministro. Las niñas se rieron y le dijeron: 'No seas tonto. Un hombre no puede ser primer ministro. Tiene que ser una mujer'.

A pesar de que hoy la posición de la mujer en la sociedad es una realidad incuestionable, recientemente, el ex rector de la Universidad de Harvard, Larry Summers, pronunció unas desafortunadas palabras sobre la falta de capacidad y aptitud de las mujeres para la ciencia. Sus controvertidas declaraciones contribuyeron a reabrir el debate sobre los obstáculos que aún hoy encuentran las mujeres en la sociedad en general, y en la ciencia, en particular.

Estas afirmaciones fueron las que dieron lugar a la creación de un comité encargado de analizar la contribución de las mujeres en las Academias de Ciencia e Ingeniería norteamericanas, donde tan sólo representan el 10% de sus miembros. Sus conclusiones son tajantes: las mujeres no avanzan debido a la discriminación y a barreras invisibles.

En España, la situación es más dramática. En la Real Academia de Medicina, de sus 34 miembros, sólo uno es mujer; en la Real Academia de Bellas Artes, de 24, sólo cuatro y en la Academia de Jurisprudencia y Legislación, de 35 miembros, cero son mujeres.

Precisamente, la Comisión Europea, en el estudio Getting more women to the top in research [Llevando más mujeres a la cima de la investigación] apunta que las mujeres tienen menos posibilidades para ser promocionadas a puestos de liderazgo y destaca su escasa presencia en los consejos de toma de decisiones de las áreas científicas. El mismo trabajo señala que, mientras que la mayoría de los graduados universitarios son mujeres, los hombres tienen el triple de posibilidades de alcanzar los puestos de responsabilidad.

En el ámbito universitario europeo, el 36% de los puestos intermedios están ocupados por mujeres, pero este porcentaje se reduce a más de la mitad el 15% cuando observamos los niveles de responsabilidad más altos, como catedráticas y profesoras de investigación.

La sociedad necesita más mujeres en el top científico ya que su escasa presencia implica que sus opiniones individuales y colectivas tienen menos posibilidades de influir en futuras políticas científicas y en la ciencia en general.

En pleno siglo XXI, la contribución de la mujer a la ciencia sigue siendo en ocasiones muy cuestionada y examinada. A finales del siglo pasado, una investigación supuso el mayor avance conceptual en la teoría de la evolución desde Darwin. La científica Lynn Margulis tuvo la osadía de proponer que la simbiosis es uno de los principales mecanismos de formación de nuevas especies, algo que llegó a ser definido entre la propia comunidad científica como una verdadera herejía en los tiempos que corrían. Según el periodista especializado en ciencia, Javier Sampedro, dos circunstancias confluyeron en el rechazo al trabajo de Lynn Margulis: lo revolucionario de su conclusión y el hecho de ser mujer. Sin embargo, hoy la comunidad científica reconoce la magnitud de sus aportaciones que han abierto múltiples vías actuales de investigación.

Son muchas las mujeres que a lo largo de la historia han contribuido al conocimiento, muchas veces, incluso desde la sombra y consintiendo que sus trabajos los firmasen hombres para que trascendiesen. Todas ellas han servido de espejo para la trayectoria de las científicas de hoy en día, que reconocen que sus carreras se han erigido sobre hombros de gigantes como Marie Curie, Lisa Meitner o Barbara McClintock.

Las mujeres de la ciencia están unidas por un vínculo especial, un vínculo que trasciende la historia y que las equipara al nivel de modelos para futuras generaciones. La trayectoria de mujeres como la doctora Gro Harlem Brundtland o Lynn Margulis son la suma de tantas y tantas científicas que han contribuído con su grano de arena a la ciencia de hoy en día.

El reconocimiento que la sociedad les otorga es también el reconocimiento a todas aquellas acciones que permanecieron ocultas al saber y supone al mismo tiempo una esperanza de futuro, porque tal y como dijo la Premio Nobel Rita-Levi Montalcini, 'nunca podemos predecir lo que va a suceder mañana, pero tenemos que ser optimistas porque el optimismo da vida y el pesimismo sólo destruye'.