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Hubo foto, pero también debate

Varios ejecutivos leyeron la cartilla al presidente

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La reunión de ayer en la Moncloa dejó claro cuánto se juega España estos días. En torno a una enorme mesa se sentaban el presidente José Luis Rodríguez Zapatero y dos de sus vicepresidentes, acompañados por los primeros espadas de empresas que suponen el 40% del PIB nacional, con un millón de empleados en España y el 22% de la inversión privada en I+D+i, como recordó el jefe del Ejecutivo. Acudieron casi todos los convocados (salvo el presidente de Mercadona, Juan Roig, y el consejero delegado de Cepsa, Dominique de Riberolles, que tenían compromisos previos) y hubo una incorporación sorpresa: la de Francisco González, presidente de BBVA, cuya ausencia se daba por hecha en la víspera.

Los más críticos fueron González, Rato, Rafael del Pino y Luis del Rivero

Aquello no fue un paripé, como muchos preveían. Ni por el nivel de los asistentes, ni por la profundidad de los temas tratados y ni por la franqueza de muchas de las opiniones vertidas. González no se limitó a figurar. En su intervención, descrita como 'dramática' por alguno de los presentes, definió la situación de la economía española como 'crítica' y pidió medidas 'urgentes'. El banquero, cuyas tirantes relaciones con el Ejecutivo son conocidas, instó a Zapatero a 'gobernar', pero también lanzó un dardo a la oposición: pidió que las pensiones se reformen por decreto ley, para obligar al resto de partidos, PP incluido, a retratarse. Mensaje de fondo: no es época de electoralismos.

González no fue el único que criticó al Gobierno. Los representantes del sector turístico protestaron por que el ministro responsable de su sector, Miguel Sebastián (que no fue invitado a la reunión de ayer) 'no se preocupa' por ellos. Hubo quejas del presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, que, como ya ha hecho otras veces, condicionó las inversiones de la eléctrica en España a que haya 'condiciones atractivas': credibilidad y estabilidad regulatoria. A la crítica se sumó el presidente de Abengoa, Felipe Benjumea, que aconsejó a Zapatero que tenga 'cuidado' porque mañana reabren los mercados. También hubo palabras contundentes del presidente de Mapfre, José Manuel Martínez, y sus homólogos en tres constructoras: Rafael del Pino (Ferrovial), Luis del Rivero (Sacyr) y Baldomero Falcones (FCC). No todo fueron reproches: Falcones dijo que 'la única forma de crear empleo es exportar más y ser más competitivos', un guante que luego recogió Zapatero.

El presidente de Iberdrola tenía reservada silla muy cerca del jefe del Ejecutivo, pero se la birló el dueño de Planeta, José Manuel Lara. Según algunos presentes, el cambio no sentó bien a Galán. Los asientos debían distribuirse en función de la facturación de las empresas (a más ventas, más cerca de Zapatero), pero la norma no se cumplió del todo.

El fondo de las intervenciones de Fainé, Botín, Alierta e Isla fue positivo

La reunión duró media hora más de lo previsto y comenzó con una intervención de Zapatero tras la que hablaron el presidente de La Caixa y de la Confederación Española de Cajas de Ahorro (Ceca), Isidro Fainé; el presidente de Caja Madrid, Rodrigo Rato, y su homólogo en Santander, Emilio Botín. Rato dibujó un sombrío panorama macroeconómico, aludió a la desconfianza en el exterior hacia España y, al igual que González, recomendó implantar reformas por impopulares que sean. Si ello implica 'sobreactuar', no pasa nada, sugirió. Eso sí, no habló de la hipótesis de acudir a un plan de rescate.

Botín, por su parte, pidió a Zapatero que haga 'ya' las reformas de las pensiones, la negociación colectiva y el control del gasto autonómico. Su discurso fue en clave positiva, como los de Fainé, el del presidente de Telefónica, César Alierta, y el del consejero delegado de Inditex, Pablo Isla. Intervinieron 25 de los 37 convocados. Entre los que no tomaron la palabra estuvieron los presidentes de Endesa, Borja Prado; de Repsol, Antoni Brufau; de Gas Natural-Fenosa, Salvador Gabarró; y de ACS, Florentino Pérez.