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Una huelga general paraliza Bélgica contra la política de recortes

Los sindicatos esperan parar el nuevo paquete de medidas que el Gobierno prevé aprobar en febrero

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La huelga general convocada este lunes en Bélgica por los principales sindicatos consiguió paralizar el país el mismo día que se celebraba en Bruselas el Consejo Europeo. El paro, convocado para protestar contra los planes del Gobierno de Elio Di Rupo de recortar 11.300 millones de gasto en 2012, ocasionó la anulación de vuelos en los aeropuertos y el bloqueo del tráfico ferroviario de todo el país. De hecho, los líderes asistentes a la cumbre tuvieron que aterrizar en el aeropuerto militar de Beauvechain, a 30 kilómetros de Bruselas.

La circulación de trenes quedó interrumpida también en el caso de la línea internacional de alta velocidad, lo que afectó a los trayectos con Francia, Holanda y Alemania. El transporte por carretera se vió alterado debido a las barreras que algunos militantes colocaron en ciudades como Lieja, o Mons.También quedó bloqueado el acceso por carretera a Alemania. En Bruselas, no circulaba ningún autobús, tranvía o metro y en el resto de país el transporte público apenas funcionaba.

Las Grandes empresas, las grandes superficies, la banca y las oficinas de correos se unieron a los paros. En los sectores siderúrgico y petroquímico la huelga tuvo un amplio seguimiento. Tanto las escuelas como los hospitales ofrecían tan sólo los servicios mínimos. 'Esta huelga general es claramente un éxito', declaró Claude Rolin, el secretario general de la Central Sindical Cristiana (CSC), la mayor del país. Para los tres grandes sindicatos, la huelga general (la primera en Bélgica desde 2005) era 'necesaria' porque 'las medidas que el Gobierno está tomando son desiguales e injustas'. Entre las iniciativas aprobadas está el aumento de la edad de jubilación anticipada. 'La austeridad es, francamente, una mala respuesta', aseguró Rolin. Los sindicatos esperan que esta huelga general sirva para parar el nuevo paquete de medidas que se aprobará en febrero.

En un acto simbólico, los líderes sindicales se dieron cita frente a la sede del Consejo Europeo para pedir un cambio de rumbo en las políticas europeas.