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En huelga de hambre contra el plan

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A Tomàs Sayes le gusta hablar en plural. Su causa es "nuestra causa" y su lucha es "nuestra lucha". Sin embargo, él es el único estudiante anti-Bolonia que ha decidido dejar de comer. Lleva 19 días sin probar bocado, pero dice que se encuentra bien y que "el dolor de barriga" sólo lo sintió "los primeros días".

La vida de Tomàs "es bastante monótona" y mata las horas en una habitación donde hay dos camastros, un radiador y varios carteles anti-Bolonia. Pero no se siente solo. "Siempre hay gente que me acompaña", afirma este alumno de último curso de Ingeniería Técnica Informática. Le quedan dos asignaturas para terminar sus estudios.

La aventura de Tomàs empezó hace casi un mes, cuando celebraron un asamblea en la que decidieron que era necesario utilizar medidas más contundentes para frenar el Proceso de Bolonia. En algún momento, surgió la idea de la huelga de hambre y Tomàs se presentó voluntario. Ahora sólo bebe agua con sales minerales y charla con sus compañeros "sobre lo que pasa en el mundo", mientras su equipo de cuatro médicos le vigila a diario.