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Human Rights Watch denuncia las "cárceles negras" de China

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China debería abolir sus "cárceles negras" secretas utilizadas para retener a ciudadanos agraviados según afirmó el jueves un grupo internacional de derechos humanos, presionando para poner fin a estas detenciones días antes de la visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Las "cárceles negras", llamadas así por muchos de los que han sido encerrados en ellas, son centros informales de detención utilizados para encerrar a los prisioneros que llegan a Pekín y a otras ciudades chinas para plantear quejas.

En momentos políticamente sensibles están todavía más concurridas, así como durante grandes reuniones y visitas, cuando el Partido Comunista quiere mostrar la capital china más ordenada.

Responsables chinos han negado la existencia de las "cárceles negras".

En un nuevo informe, Human Rights Watch aseguró que estos lugares de detención se administraban bajo coerción, con oficiales y guardas de seguridad contratados que retienen a los prisioneros a un confinamiento deplorable y a veces brutal sin supervisión legal, a menudo a cambio de dinero.

"Creo que demuestra mucho sobre que el gobierno chino no está interesándose necesariamente en defender los abusos o mantener las obligaciones internas o internacionales", dijo Sophie Richardson, del grupo de derechos humanos con sede en Nueva York, a Reuters en Hong Kong.

"Creo que la administración Obama está siendo puesta a prueba, es la primera visita a Pekín y creo que ellos (China) están presionando para ver lo lejos que pueden llegar, para seguir bajando más y más y más el nivel de los derechos humanos", dijo Richardson, que supervisa el trabajo de Human Rights Watch en China.

Obama dijo a Reuters que presionará a China en materia de derechos humanos durante su visita de cuatro días que comienza el domingo. Un ayudante dijo que los asuntos que probablemente se traten incluyen derechos religiosos, libertad de expresión y Tíbet.

Pero muchos agricultores y trabajadores chinos se encuentran con su confrontación más directa y con enorme poder si viajan a Pekín a expresar quejas contra las autoridades en las oficinas de "peticiones y apelaciones", que se supone que ofrecen una especie de solución sin llegar a los juzgados.

Muchos de los que realizan peticiones terminan detenidos por oficiales que quieren asegurarse de que sus quejas no atraen atención o provocan desórdenes.

Según dijeron a Reuters algunos de los peticionarios, estos centros de detención siguen operando, aunque menos abiertamente que antes, y muchos ciudadanos están detenidos informalmente en sus pueblos y ciudades, a menudo bajo el nombre de "clases de educación legal".

"No ha habido cambios fundamentales en la operación de cárceles negras, pero se han vuelto más ocultas y cautas", dijo Zheng Dajing, un peticionario que ahora ayuda a otros ciudadanos a hacer escuchar sus denuncias en Pekín.

"Esto es también un negocio, y el Gobierno local paga mucho dinero para mantenerlos detenidos y devolverlos a casa".

Las oficinas de peticiones en China se desarrollaron como una forma segura de aliviar el descontento social dando a los ciudadanos un canal para expresar sus quejas y a los oficiales una ventana para ver las preocupaciones de los ciudadanos.

En la práctica, bajo la jerarquía piramidal local de China las autoridades se enfrentan a la intensa presión de mantener el flujo de peticiones.

Las reformas introducidas en 2003 han hecho más difícil detener abiertamente a los ciudadanos que expresan quejas.

Desde entonces, las autoridades tratan de detener estas peticiones han recurrido cada vez más a las "cárceles negras, que a menudo se encuentran en oficinas de representación del gobierno, hoteles y casas alquiladas, según Human Rights Watch.