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Imágenes para rastrear la huella del trabajo

Pierre Gonnord inaugura la muestra Terre de personne

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Basilisa oculta sus manos, paralizadas por la artrosis, mientras Senén parece no saber que las venas de sus ojos están a punto de estallar. En un retrato fotográfico, son detalles que casi nunca llaman la atención. En las imágenes de Pierre Gonnord (Cholet, Francia, 1963), sin estos detalles, no habría retrato. Basilea y Senén son dos de las 19 personas 'que viven del suelo, del subsuelo y del mar', según Gonnord, y que han posado para el artista. El resultado es la exposición Terre de personne (Tierra de nadie, en castellano), que se muestra en la sala Alcalá 31 de Madrid hasta el próximo 28 de febrero.

Acostumbrado a trabajar en entornos urbanos españoles, franceses o japoneses, Gonnord decidió en diciembre de 2008 coger su coche e irse al norte de España (Galicia y Asturias) y de Portugal. 'La naturaleza no es sólo un paisaje romántico, también hay gente que vive de la naturaleza y quería retratar a aquellos que llevan la huella del trabajo en su rostro', explica el fotógrafo. Para el comisario de la exposición, Rafael Doctor Roncero, 'Gonnord indaga en la dignidad de esas personas dentro de su propio entorno'.

La novedad de la exposición es que el fotógrafo francés, afincado en Madrid desde hace 22 años, no sólo presenta retratos sobre fondo negro marca de su estilo desde una serie sobre los gitanos, sino que incluye por primera vez en su carrera paisajes. 'Porque los rostros son mapas y los paisajes, retratos', sostiene el artista. Son imágenes de entornos rocosos, abstracciones de agua marina e incendios.

La formalidad de los retratos todos posados, el objetivo enfoca a las miradas, casi siempre son luz natural choca con el aparente caos de los paisajes. 'No quería establecer un diálogo entre ambos, sino mostrar la intimidad de los paisajes donde trabaja esa gente', explica Gonnord. Cada instantánea mide 166 por 125 centímetros y el fotógrafo trabajó con una cámara de medio formato Hasselblad.

Esta exposición es para Gonnord 'una apertura, un primer capítulo de un mapa irregular' que el fotógrafo está dibujando. Planea ahora viajar al sur, en la zona de Almería y de Gibraltar.

Las fotografías de Pierre Gonnord no tienen pie, un nombre sin apellido rompe con el anonimato de personas que 'aún viven según valores, las del campo, que van desapareciendo'. Además de Basilisa y de Senén, también está Teodora que siempre lleva un pañuelo negro. Y Armando, envejecido por su labor en la mina.