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El incidente en Detroit pone en la mirilla al sistema de revisión de extranjeros

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El intento de atentado por parte del nigeriano Umar Farouk Abdulmutallab, acusado de tratar de destruir un avión en Detroit la semana pasada, ha vuelto a poner en la mirilla al sistema de revisión de extranjeros y ha dado abono a grupos anti-inmigrantes en Estados Unidos.

Abdulmutallab, un estudiante de 23 años, se encuentra bajo custodia federal en Milan (Michigan), bajo cargos de querer hacer explotar un avión que hacía el recorrido entre Amsterdam y Detroit el día de Navidad.

El presidente de EE.UU., Barack Obama, ha ordenado una revisión del sistema de vigilancia pero afronta críticas de quienes exigen un recrudecimiento de la seguridad aérea.

Sin duda, el incidente volcará la atención en el proceso de emisión de visas y la vigilancia de extranjeros, que han estado siempre en la diana de grupos anti-inmigrantes.

La conservadora Federación para una Reforma Migratoria Estadounidense (FAIR, por su sigla en inglés) dijo hoy en un comunicado que el incidente de Detroit es otra advertencia de que "la Administración Obama y el Congreso deben hacer cumplir las leyes de inmigración para proteger adecuadamente" la seguridad nacional.

Michelle Waslin, analista del Centro de Política Migratoria, dijo a Efe que, al igual que Abdulmutallab, los terroristas del 11-S "no vinieron como inmigrantes a establecer vida en Estados Unidos, y sería un error equiparar a los terroristas con los inmigrantes".

"La única forma de fortalecer la seguridad nacional y reducir la posibilidad de incidentes es a través de una reforma migratoria integral", agregó.

Según las autoridades, Abdulmutallab llevaba ocultos en su ropa interior unos 80 gramos del explosivo PETN, más del doble que utilizó, en otro fallido atentado aéreo en diciembre de 2001, Richard C. Reid, el "terrorista de los zapatos".

De haberse concretado, el atentado en Detroit hubiese matado a los 278 pasajeros y once tripulantes a bordo del vuelo 253 de Northwest, y es la amenaza más grave en suelo estadounidense desde los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Abdulmutallab no logró su propósito porque el explosivo no le funcionó y los pasajeros lograron reducirlo.

El Departamento de Estado explica que le concedió una visa de turista con múltiples entradas en junio de 2008 y vigente por dos años porque Abdulmutallab no levantó sospechas, toda vez que es de familia rica, asistió a una escuela respetable y al parecer no tenía presunción de querer permanecer en este país.

No había suficiente información para determinar si debían revocar la visa de Abdulmutallab, pese a que su padre, Alhaji Mutallab, advirtió el pasado 19 de noviembre a la embajada de EE.UU. en Abuja, Nigeria, de que su hijo había adoptado el extremismo islámico.

Al día siguiente, el Departamento de Estado colocó esa información en un sistema denominado Visa VIPER, creado tras los atentados de 2001 para rastrear a solicitantes de visas.

También recomendó que se revisara el caso si a Abdulmutallab se le ocurría pedir la renovación de su visa.

De varias listas que existen para frenar el paso a posibles terroristas, Abdulmutallab fue colocado en una base de datos conocida por su acrónimo en inglés TIDE, que contiene los nombres de unas 550.000 personas, casi todos extranjeros.

No está claro si para cuando los servicios de inteligencia obtuvieron el informe del padre, los encargados de TIDE (Terrorist Identities Datamart Environment) sabían que Abdulmutallab tenía una visa.

Al parecer, tampoco sabían que los británicos habían negado una visa de estudiante a Abdulmutallab, no por sospechas de terrorismo, sino porque dudaban de sus objetivos académicos.

El fallido atentado y los errores de los departamentos de Estado y de Seguridad Nacional que pudieron haber contribuido serán foco de atención en sendas audiencias el mes próximo en ambas cámaras del Congreso, donde abundan las preguntas.

El Centro Nacional contra el Terrorismo (NCTC, por su sigla en inglés) tendrá que aclarar por qué no solicitó la revocación de la visa de Abdulmutallab. Consultado por Efe, NCTC no quiso comentar al respecto.

Si bien Al Qaeda cuenta con miles de miembros y simpatizantes, detectarlos y desarticularlos antes de que entren a EE.UU. es como buscar una aguja en un pajar: ocho años después del 9-11, el DHS no sabe cuántos extranjeros salen o se quedan en EE.UU. con visas vencidas.

Eso frustra a la senadora demócrata Dianne Feinstein, quien se ha quejado de que, muchas veces, se culpa a los inmigrantes indocumentados por los problemas de seguridad cuando el problema mayor quizá está en otra parte.