Publicado: 09.11.2007 12:10 |Actualizado: 09.11.2007 12:10

La India celebra su Navidad hindú, el "Diwali", en medio de fiebre consumista

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Mientras los cristianos en todo el mundo todavía tienen que esperar más de un mes para la Navidad, millones de hindúes ya han causado atascos en las grandes urbes indias en busca de los últimos regalos para celebrar la fecha más señalada de su calendario: "Diwali", la fiesta de las luces.

El festival conmemora la vuelta del dios Ram a su reino de Ayodhya tras catorce años en el exilio, en los que vence al rey diablo de Lanka (la Sri Lanka actual).

Se dice que su camino fue iluminado con lámparas, velas y dibujos tradicionales y que fue recibido con gran pompa a su vuelta a casa.

Para conmemorar la victoria demiúrgica del bien sobre el mal y rendir culto a Ram, que se aventuró al exilio sólo para complacer a su padre, las casas y los comercios indios aparecen hoy engalanados con luces de todos los colores.

"Disfruto cada momento de esta fiesta. Pero mi momento favorito es la emoción al abrir los regalos. Si es chocolate, aún mejor", confiesa a Efe una devota hindú, Surbhi Singh, cuyo festival favorito es "Diwali".

Durante la festividad, las casas se llenan de regalos, en especial los tradicionales dulces indios, de sabor intenso, así como electrodomésticos y joyas de plata y oro con envoltorios coloridos y brillantes, acordes con el gusto indio.

En la fiesta de las luces, los devotos siempre llevan ropa nueva y se hacen ofrendas florales, de dulces, incienso y monedas a las múltiples deidades hindúes.

Al anochecer, se abren todas las ventanas y puertas de las casas para darle la bienvenida a Lakshmi, la diosa de la fortuna.

Por ello, en la entrada de muchas casas se pintan dibujos tradicionales, llamados Rangoli, hechos de arroz en polvo.

Según el rotativo "The Times of India", en los días que precedían a "Diwali" se tardaba casi dos horas en realizar un trayecto de diez minutos en el centro financiero de Nueva Delhi.

Los delhíes acuden en masa estos días a los centros comerciales: los regalos de mayor valor serán para sus familiares, pero nunca faltará una caja de dulces para amigos y vecinos.

Además de en regalos, la fiebre consumista lleva a los hindúes a gastarse millones de rupias en cohetes y petardos, que acompañan a las luces dispuestas para iluminar a Ram.

En todas las localidades se levantan tiendas callejeras de fuegos artificiales, decoraciones brillantes para casas y estatuas de los dioses Ganesha y Lakshmi.

Esto es motivo de preocupación para los ecologistas, que se quejan de los grandes cantidades de óxido de azufre que se queman en un solo día.

Y la polución va en aumento: según datos del Consejo Central de Control de Contaminación, los niveles de contaminación subieron un 300 por ciento más tras el "Diwali" del año pasado que en 2004.

Antes de la conclusión de la fiesta, los ídolos del dios elefante Ganesha y de Lakshmi se lanzan a los ríos: otro rito tradicional hindú que, sin embargo, levanta suspicacias entre los ecologistas.

Las estatuas están adornadas con materiales que no son ecológicos, como cemento, yeso, plástico, tintes tóxicos y químicos y metales como el mercurio y el plomo, que dañan la biosfera.

El Gobierno indio ya ha tomado cartas sobre el asunto y ha impulsado programas estatales para concienciar a la población sobre los efectos de estas fiestas en el medio ambiente.