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Inducción trabajo de parto estaría aumentando partos prematuros

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Por Amy Norton

La tasa de trabajo de partoinducido en las embarazadas estadounidenses se duplicó entre 1992y el 2003, una tendencia que habría incrementado la cantidad denacimientos prematuros.

El patrón es preocupante porque, si bien los bebés nacidos alas 37 o 38 semanas de gestación son considerados a término,también tienen más riesgos de sufrir problemas que los que nacendespués.

El embarazo normalmente dura 40 semanas, pero un nacimientoentre las semanas 37 o 38 es tomado como uno a término. (Losembarazos de 42 semanas o más son llamados "postérmino").

Los científicos usaron estadísticas vitales de Estados Unidospara demostrar que los partos inducidos crecieron desde un 14 porciento de los nacimientos a término en 1992 al 27 por ciento enel 2003.

En esos años aumentó también la proporción de nacimientos alcomienzo de lo que se considera un embarazo a término. En el2003, el 30 por ciento de los partos ocurrieron durante lassemanas 37 o 38, versus el 19 por ciento en 1992.

Y más del 60 por ciento de los partos a término fueron antesde la semana 40, comparado con el 42 por ciento en 1992.

Los resultados sugieren que la creciente tasa de partosinducidos es una "causa probable" de los nacimientos prematuros,reportaron los investigadores en American Journal of Obstetrics &Gynecology.

Pero, aunque la mortalidad del neonato y otras complicacionesno son comunes en la semana 37 o 38, los riesgos sonrelativamente más altos que en los bebés nacidos a las 40semanas, explicó el doctor Michael S. Kramer, de la UniversidadMcGill, en Montreal, Canadá.

La tasa de mortalidad y los problemas como alteracionesrespiratorias aumentan en esas semanas. La literatura publicadasugiere que también podría dañarse el desarrollo del cerebrofetal y que, además, los bebés que nacen relativamente tempranotienen coeficientes intelectuales (CI) un poco más bajos.

El riesgo absoluto de tener esas complicaciones para lasembarazadas a las que se les induce el parto es bastante bajo,insistió Kramer. Y agregó que no se debería desalentar lainducción si es necesaria.

De todos modos, dijo que los obstetras y las embarazadasdeberían saber que esta práctica en las semanas 37 o 38 tieneriesgos. Y los nuevos estudios deberían seguir analizando elpotencial impacto que tiene en la salud pública la tasa crecientede inducciones.

"No digo que estemos haciendo demasiadas", aseguró. Pero sila tasa sigue aumentando, "quizás hagamos más daño que bien",agregó.

Se desconoce la causa del aumento de las inducciones entre1992 y el 2003 y el equipo no obtuvo información sobre losmotivos médicos de esas decisiones.

En general, el trabajo de parto se induce en embarazos quesuperan las 41 semanas, por el riesgo de que la madre y el bebésufran alguna complicación.

En el resto de los embarazos, se realiza cuando el feto estáen peligro de no recibir los nutrientes o el oxígeno suficientesa través de la placenta, cuando una mujer rompe bolsa pero nocomienza el trabajo de parto, o cuando la madre tiene algunaenfermedad (diabetes gestacional o presión alta) que puede poneren riesgo su salud o la del bebé.

Kramer dijo que la inducción del trabajo de parto estaríacreciendo porque los médicos cuentan con mejor tecnología paramonitorear el embarazo, como el ultrasonido Doppler.

Eso, dijo, les proporciona más información a los médicos y alos padres, lo que también incluye "más información que los puedehacer preocupar".

FUENTE: American Journal of Obstetrics & Gynecology, online17 de mayo del 2010.