Publicado: 23.03.2014 19:37 |Actualizado: 23.03.2014 19:37

'Infiltrados' en acción a tiempo del telediario

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Esta no es la nota que como coordinadora de prensa de la Columna Nordeste de las Marchas por la Dignidad me hubiera gustado escribir.

Tenía pensada otra, una mucho más alegre y festiva en la que contar la enorme y pacífica participación de más de un millón de personas venidas de todo el Estado para participar en la manifestación que ponía punto final a las Marchas por la Dignidad.

Porque este sábado y durante unas horas Madrid fue una fiesta ciudadana reivindicativa y pacífica. Digan lo que digan la Delegación del Gobierno, la sra. Cifuentes, la policía y esa caterva de voceros de prensa de la rancia derecha a los que les ha faltado tiempo para minusvalorar y criminalizar a esta ciudadanía harta e indignidad que este sábado se manifestó en Madrid.

Le pese a quien le pese, la de ayer fue una protesta ciudadana que marcará un hito en la historia de este país. Y lo fué porque la ciudadanos, pese a que ya no aguanta más, se comportaron digna y pacificamente durante todo su recorrido.

Este sábado y durante unas horas Madrid fue una fiesta ciudadana reivindicativa y pacífica 

Fue un clamor, un grito unánime de más de un millón de personas reclamando cambios, pidiendo "pan, trabajo y libertad" como si la historia de este país no hubiera cambiando, como si en vez de en el siglo XXI esta fuera la España caciquil y pobre de finales del XIX.

Como participante en esas Marchas por la Dignidad durante todos estos días me he sentido muy orgullosa de mis compañeros, de quienes caminaron con nosotros por las carreteras de este país, pero también de aquellos que nos apoyaron desde casa y trabajaron para que estas marchas fueran una realidad. De los que nos dieron refugio, comida, cariño, solidaridad y un lugar donde dormir. Todas esas personas estaban ayer en Madrid. Unas vinimos andando, otras iban con nosotras en esos pies magullados, doloridos y en ese corazón henchido de emociones y solidaridad. Y muchas más, miles y miles, vinieron en los autobuses que desde las cuatro esquina de este país partieron a primeras horas del sábado para estar en Madrid con nosotros y participar en la gran manifestación final.

Una fiesta que las fuerzas del desorden, los energúmenos de siempre y esos infiltrados que sabíamos que había en la Manifestación se encargaron de reventar para que tuviera un final amargo.

Era evidente que este gobierno no iba a permitir una acampada, era conocido y comprobado el enorme despliegue de fuerzas que se concentraban desde días atras en la capital del estado. Sabíamos que las provocaciones y la represión indiscriminada, salvaje y gratuita estaría a la la orden del día. Y así fue, a la hora del telediario, -más clara la intención política imposible-, allí estaban las fuerzas del desorden repartiendo leña indiscriminadamente, respondiendo a pequeños incidentes puntuales con un despliegue de fuerzas inusitado y desproporcionado. Golpeando salvajemente y deteniendo de forma aleatoria a quien se cruzaba en su camino con el objetivo claro de asustar y amedrentar a la ciudadanía.

Se queja la delegada Cifuentes de que algunos de los policías están heridos, pero poco dice de los cientos de ciudadanos no contabilizados que también lo fueron, en muchos casos gente que asustada salía corriendo despavorida ante las cargas policiales.

Ayer la zona de los alrededores de Colón, con el baluarte de Génova fuertemente protegido, se convirtió en un territorio sin ley en el que las fuerzas del desorden se ensañaron con los ciudadanos. Ayer se golpeó y detuvo a los ciudadanos muy democráticamente, es un sarcasmo por si alguien no lo ha entendido. Sin distinciones de raza, edad, condición de manifestante o no, todos fueron objeto de golpes, fueron achuchados, amedrentados y algunos terminaron detenidos.

Este sábado el gobierno demostró que tiene miedo de los ciudadanos y ante una manifestación histórica respondió con su brazo represor al peor estilo de la época franquista. Impresionan las imágenes de las cargas policiales en la Plaza de Colon antes incluso de que terminara el acto. Mientras y de fondo se oía el grito unánime de miles de gargantas cantando "El Canto a la Libertad de Labordeta". Que sarcasmo, miles de personas pidiendo libertad mientras las fuerzas de seguiridad cargaban contra los ciudadanos.

La muerte del expresidente Suárez no va a impedir que quienes participamos en las Marchas por la Dignidad sigamos protestando. Madrid era el destino de estas Marchas, da lo mismo si es en la capital del estado o en nuestras ciudades, vamos a seguir esa ruta que empezó hace ya muchos días, allá por los primeros de días de marzo.Vamos a seguir reclamando pan, trabajo, libertad y un gobierno que cumpla lo que promete. Y si no es capaz de hacerlo, que se vaya. Los y las de abajo, los ciudadanos somos el pueblo y a nosotros es quienes deben de rendir cuentas.

Este gobierno debería ir haciendo las maletas, tiene los días contados.

*Maribel Martínez, de las Marchas de la Dignidad de Aragón