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Un informe de la UNESCO apuesta por cambios a favor de una agricultura sostenible

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Un informe presentado hoy en la UNESCO aboga por favorecer la agricultura sostenible desde el punto de vista ambiental, social y económico, con énfasis en la producción familiar y la reducción de la dependencia del petróleo, entre otros puntos.

La llamada "Evaluación Internacional del Papel del Conocimiento, la Ciencia y la Tecnología en el Desarrollo Agrícola", elaborada por 400 expertos internacionales, subraya las consecuencias sociales y ecológicas de la agricultura y apuesta por la conservación de los recursos como camino para la sostenibilidad agrícola.

La divulgación del documento se produce en un momento de crisis producida por el considerable aumento de los precios de los alimentos, que ha desatado manifestaciones e incluso violentos disturbios en varios países en desarrollo.

El informe, patrocinado por cinco organismos multilaterales, incluido el Banco Mundial, apoya un desarrollo agrícola menos dependiente de los combustibles fósiles y que favorezca la integración social y medioambiental, explicaron autores del documento al presentarlo ante la prensa en la Organización de ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Proponen que se combine productividad y conservación de los recursos, no sólo a nivel de precios sino también teniendo en cuenta la protección medioambiental, que es la base de la agricultura.

La evaluación apoya un cambio estructural que abarque la ciencia, la tecnología, las políticas, las instituciones y la capacidad de inversión.

De esta forma, indica, se reconocería la multifuncionalidad de la agricultura, es decir, las interconexiones inevitables entre los diversos papeles de la agricultura, que van desde la producción de alimentos hasta el servicio a los ecosistemas, los valores paisajísticos y el patrimonio cultural.

Pobreza, cambio climático, salud humana, seguridad alimentaria, sostenibilidad ambiental, equidad e inversiones son nuevos desafíos que exigen fortalecer, reestructurar y establecer nuevas redes intergubernamentales e independientes basadas en la ciencia, según el documento.

Defiende un diálogo interdisciplinar que relacione las ciencias humanas y medioambientales con la agricultura, además de concentrarse en la agricultura familiar y los pequeños productores, la diversificación de las explotaciones o la descentralización de las oportunidades tecnológicas.