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Ingrid Betancourt, ¿de prisionera a presidenta?

Después de más de seis años en la selva, se especula que la recién liberada podría volver a la política colombiana

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El abrazo del rescate puede convertirse en el enfrentamiento por la presidencia de Colombia. Ingrid Betancourt y sus seis años de cautiverio contra Juan Manuel Santos, el ministro de Defensa del actual Gobierno que consiguió liberarla.

El presidente Álvaro Uribe apaga los lanzallamas que amenazaban con abrasarlo por comprar los votos de la reforma constitucional para su primera reelección, pero debilita la posibilidad de un tercer mandato: fortalece al ministro que quiere ser su relevo en el autoritarismo democrático y coloca en el corazón del país a la candidata (tan popular como el presidente) que puede proponer la reconciliación nacional desde su dignidad personal.

Como si lo supiera, pero no pudiera contarlo todavía, la revista Semana (la publicación colombiana más influyente) sugiere que en la operación militar para recuperar a los secuestrados el Gobierno compró la colaboración de guerrilleros desmoronados.

Probablemente el primero en saber lo que se preparaba (después de Santos y Uribe) fue John McCain -el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos- durante su reciente visita a Bogotá.

Le estaban anunciando no tanto el rescate de Betancourt como el inmediato regreso de los tres agentes de la CIA capturados por la guerrilla hace cinco años. El ministro de Defensa ha ganado amigos y apoyos en Washington para sus ambiciones electorales.

¿Qué puede decir o hacer el nuevo comandante de las FARC, Alfonso Cano, para responder a la operación perfecta del ejército de Uribe? ¿Agarrarse a la justificación de que ya había un acuerdo para el canje de los secuestrados por guerrilleros encarcelados y el Gobierno lo aprovechó para escenificar el desenlace que más le convenía? ¿Entregar el mando a los jefes de la insurgencia que reclaman más guerra que política? Difícil parece que las FARC acepten ahora una negociación con la que sólo se intentaría su aniquilamiento.

Si el presidente venezolano Hugo Chávez tiene razón y la guerrilla ya no es un recurso adecuado en América Latina, como razón tienen los que advierten que la paz es imposible sin eliminar el terrorismo de Estado, democratizar el sistema político colombiano y reducir la pobreza, es ahora cuando Ingrid Betancourt puede pedir una oportunidad para el programa político que aseguran que ha preparado en la selva del secuestro.

Una candidatura contra la violencia, la impunidad y el empobrecimiento. La dignidad democrática de Betancourt contra el populismo autoritario de Uribe.