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El inicio del regreso a la bolsa de GM, el penúltimo capítulo de una larga saga

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A finales de año, General Motors (GM) estará cotizando en la bolsa, probablemente en los mercados de Nueva York y Toronto, el penúltimo capítulo de la saga que se inició a mediados de 2009 cuando el mayor fabricante estadounidense de automóviles se declaró en quiebra.

General Motors ha vivido una auténtica montaña rusa en los últimos años.

Desde la exploración de una posible fusión o alianza empresarial con Nissan-Renault en 2006, pasando por la declaración de quiebra el 1 de junio del 2009, hasta su renacimiento el 10 de julio del 2009 gracias a la aportación de 60.000 millones de dólares de los Gobiernos de Estados Unidos y Canadá.

La quiebra y reestructuración del año pasado fueron diseñadas por la vieja guardia de General Motors, entonces encabezada por su consejero delegado y antiguo director financiero, Fritz Henderson.

Pero la entrada en el capital del fabricante del Departamento del Tesoro de Estados Unidos trajo elementos externos a la compañía y al sector para intentar refrescar el ambiente en Detroit.

Al frente de la renovación se situó Ed Whitacre, antiguo presidente del gigante de las telecomunicaciones AT&T y quien desde que llegó a la presidencia del consejo de administración de GM el 10 de julio del 2009 chocó con los elementos tradicionales de la empresa.

Whitacre tenía una visión particular del rumbo que GM debería adoptar tras ser rescatada con el dinero público.

En primer lugar, la empresa tenía que ser rentable lo antes posible para, en segundo lugar, volver rápidamente a los mercados de valores y borrar la imagen de una compañía que funciona con el dinero de los contribuyentes

Finalmente Whitacre impuso su visión, se hizo con el cargo de Henderson y éste abandonó GM a finales del 2009.

Desde entonces, GM se ha apresurado en su reestructuración y ha demostrado que podía ser una empresa rentable tras ganar casi 3.000 millones de dólares en los seis primeros meses del 2010.

Los resultados de los dos primeros trimestres del año abrieron la puerta para la vuelta a la bolsa de GM y Whitacre se apresuró a aprovechar la oportunidad.

Así que hoy, GM vivió un nuevo capítulo de la saga con el anuncio de que la empresa ha presentado ante la Comisión del Mercado de Valores de Estados Unidos (SEC) los documentos para registrar su próximo regreso a bolsa.

Dado que SEC necesitará entre 60 y 90 días para revisar los documentos y aprobar la solicitud, el símbolo de GM estará de nuevo en el parqué de Wall Street y TSX (como se conoce a la bolsa de Toronto) en noviembre.

Ahora, los directivos de GM iniciarán una campaña de relaciones públicas al más alto nivel y por todo Norteamérica para convencer a los inversores (principalmente fondos de inversión y planes de pensiones) de que poner dinero en los títulos de la empresa es una proposición rentable.

Los analistas han señalado que la decisión de Whitacre de renunciar a sus puestos en GM, y dejar paso a otro ex directivo del mundo de las telecomunicaciones, Dan Akerson, forma parte de esa estrategia.

Los inversores van a demandar que el máximo dirigente de GM esté totalmente comprometido a la empresa durante los próximos años y Whitacre, con 68 años a las espaldas, no ofrecía esa garantía.

En las 734 páginas presentadas ante SEC, GM dijo que planea tener 500 millones de acciones comunes en circulación una vez que la oferta esté completada y que no tiene "planes actuales para pagar dividendos" a los tenedores de estos títulos.

La salida a bolsa de GM permitirá que las autoridades de Estados Unidos y Canadá así como el fondo de prestaciones sanitarias del sindicato United Auto Workers (UAW) recuperen parte del dinero que aportaron para la reestructuración del fabricante.

El Departamento del Tesoro de EE.UU. destinó a GM unos 50.000 millones de dólares, lo que le otorgó un 61 por ciento del accionariado de la empresa, mientras que las autoridades canadienses inyectaron unos 10.000 millones de dólares (el 12 por ciento del capital).

UAW recibió la participación en GM a cambio de los miles de millones de dólares que la empresa adeudaba al fondo de inversiones que tiene que cubrir las prestaciones sanitarias y sociales de sus trabajadores.