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La inmigración ilegal, una discordia perenne en Estados Unidos

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El presidente de EEUU, Barack Obama, insiste en que una reforma migratoria es la solución a la presencia de indocumentados en el país, pero los republicanos que quieren desbancarlo en 2012 han cerrado filas en contra de esa propuesta, aunque eso les cueste el voto hispano.

A un año de las elecciones presidenciales de EEUU y en el 25 aniversario de la amnistía que Ronald Reagan dio a cerca de tres millones de inmigrantes indocumentados, la inmigración ilegal sigue sembrando la discordia entre la clase política.

Aunque la crisis económica es la mayor preocupación de los votantes, entre los hispanos y la comunidad inmigrante en general la ausencia de una reforma migratoria también se perfila como un tema que tendrá peso en su intención de voto el 6 de noviembre de 2012.

Los hispanos, que suman 50,5 millones de personas y conforman el 8% del electorado en EEUU, han ido aumentando su peso político en los últimos ciclos electorales y pueden ser el "voto bisagra" en estados clave como Colorado, Florida, Nevada, y Nuevo México.

Desde el Partido Republicano, la mayoría de los aspirantes presidenciales, de los legisladores en el Congreso y de los líderes estatales, continúan recetando la deportación de los indocumentados.

Desde la Casa Blanca y el Partido Demócrata, siguen las voces a favor de la reforma, que permanece en un bloqueo legislativo desde 2007.

La reforma migratoria, que también exigen grupos progresistas afines, incluye el fortalecimiento de la vigilancia fronteriza; sanciones a empresas que contraten a indocumentados, y una vía para la legalización de quienes paguen una multa y cumplan con una amplia gama de requisitos.

Obama, que ganó en 2008 con el 67% del voto latino y necesitará de nuevo a esta minoría en 2012, suele decir que no puede frenar las deportaciones masivas mediante orden ejecutiva y que necesita el apoyo bipartidista en el Congreso para realizar una reforma legal.

Los republicanos, presionados por grupos conservadores como el movimiento del "Tea Party", replican que EEUU vive una crisis agravada por la "carga pública" de los indocumentados.

Mientras, los demócratas arguyen que los inmigrantes, con o sin papeles, contribuyen a la prosperidad y diversidad y que, en aras de la seguridad nacional, es mejor sacar de la sombra a los clandestinos.

Así las cosas, el Congreso carece de un sentido de urgencia y ambos partidos afrontan un punto muerto en el debate migratorio.

En los gobiernos estatales, no hay cabida para otra cosa que no sea "mano dura" contra los indocumentados.

Si en 2010 Arizona dio el pistoletazo a medidas para estrechar el cerco a los indocumentados, otros estados sureños han seguido su ejemplo y, Alabama en particular, le ha superado con creces.

En Alabama, una ley puesta en marcha a finales de septiembre -parte de la cual ha sido bloqueada en un tribunal- busca incluso negar el aprovisionamiento de agua a los indocumentados.

En los debates presidenciales republicanos, cada candidato compite por ser el más "fuerte" en contra de los once millones de indocumentados que se calcula hay en este país.

Ávidos del apoyo de los conservadores, algunos de los candidatos recurren a la retórica que, para la comunidad inmigrante, es sinónimo de "odio anti-hispano".

El empresario Herman Cain, que lidera en las encuestas, "bromeó" recientemente sobre la idea de construir un muro electrificado y de disuadir el cruce ilegal en la frontera con México a fuerza de balas.

Acosado por sus rivales, el gobernador de Texas, Rick Perry, ha defendido una y otra vez una ley estatal que permite la igualdad en las matrículas universitarias para indocumentados, pero insiste en que se opone a una "amnistía".

El ex gobernador de Massachusetts, Mitt Romney, principal rival de Perry, también se opone a la reforma.

El ex presidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, sugiere que una "junta" determine quiénes de los indocumentados pueden quedarse o ser expulsados.

La legisladora Michele Bachmann apoya la construcción de un doble muro en la frontera sur y ha apoyado privar de la ciudadanía automática a niños latinos nacidos en EEUU de padres indocumentados.

En medio de todo esto, los latinos están cambiando el rostro de EEUU y alterando su mapa electoral y, según las últimas encuestas, la mayoría no piensa votar por un republicano.

Los republicanos quieren desbancar a Obama en 2012, y la pregunta del millón en Washington es cómo obtendrán al menos el 40% del voto hispano para lograrlo si respaldan ideas que causan temor entre ese bloque electoral.