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La inquina a Fernando Torres

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El cainismo se apodera de cualquier debate en el fútbol español. Del Bosque era sospechoso para los puristas que piensan que Luis encontró la piedra filosofal. Salirse un solo metro de aquello parece pecado de alta traición. El propio Aragonés aprovechó para avivar la llama, puede que sin mala intención. Del Bosque demostró una tremenda personalidad, se aferró a sus ideas y a la seguridad de que España tenía que seguir siendo lanza, pero también un poco escudo. Seguramente tiene que ver con la frescura de algunos hombres determinantes, que no han llegado bien a la cita mundialista. El caso más flagrante es el de Torres.

La derrota ante Suiza cambió todos los planes. No estaba previsto que El Niño debutase hasta octavos. Así se lo había dicho el seleccionador. Sin embargo, la necesidad obligó a alinearle antes. Con el 9 del Liverpool a su lado, apareció la mejor versión de Villa. Eso es un hecho irrefutable. Desplazado a banda, El Guaje es una de las grandes estrellas del campeonato. Sin duda, eso es mérito suyo y de nadie más.

El Niño no tiene madridistas o barcelonistasque lo defiendan

Cierto es que, contra Portugal, Torres empezó muy bien y se fue diluyendo hasta la deses-peración. Entró Llorente y cambió el panorama. España fue otra con el delantero del Athletic entre Carvalho y Bruno Alves. Esos hechos también son irrefutables. El problema viene de no considerar a Torres un intocable y puede que tenga que ver con su no presencia en la Liga BBVA. Hablando en plata, no tiene madridistas o barcelonistas que lo defiendan. Antes del Mundial, en cualquier lugar del planeta menos en España se veneraba al Niño. En Suráfrica, es adoración. ¿Alguien duda que Rooney, Drogba o Etoo deban ser titulares? Fuera de España piensan que estamos locos dudando no sólo de su Mundial, sino de su categoría. Eso no se compra ni se vende. Se tiene. Que pregunten en Liverpool. Menos mal que Del Bosque no negocia con su ideario. Torres seguirá siendo titular hasta que vuelva, que será más pronto que tarde. El factor intimidatorio, que nadie pone sobre el tapete, también es definitivo. A Torres, menos en España, le respetan en todos los sitios. En Paraguay, también.