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La insólita anomalía de poder estar a favor del gobierno

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Las estrategias de huida hacia delante que está practicando la plutocracia que nos gobierna no tienen futuro -y nos privan de futuro. Vaciar de contenido la democracia, destruir los sistemas de protección social, reforzar aún más la dominación del capital sobre el trabajo, explotar los recursos naturales como si fuesen infinitos o ahondar en un modelo energético radicalmente insostenible nos acercan a abismos de sufrimiento humano que las mayorías sociales aún no calibran. Todo indica que el siglo XXI será terrible.

En esta dificilísima tesitura, las esperanzas donde podemos hacer pie nacen sobre todo en América Latina. El socialismo del siglo XXI de Hugo Chávez y sus compañeros, el neozapatismo mejicano, el Buen Vivir (sumak kawsay, suma qamaña) de las comunidades andinas, son sendas practicables hacia otras formas de vida humana donde 'libertad' o 'sostenibilidad' no sean las palabras hueras en que se han convertido estos términos dentro de los discursos dominantes.

Durante toda mi vida -ya medio siglo de vida- he vivido bajo regímenes políticos donde una persona decente sólo podía estar en la crítica, en la oposición, en el no. Así en España, mi país: ahí tenía uno y tiene que practicar 'la sílaba del no' (como diría Juan Carlos Rodríguez). Pero también era éste el caso en la República Democrática Alemana, donde viví dos años entre 1986 y 1989. Y también sucede lo mismo en países que he conocido en estancias más breves: Cuba, Estados Unidos, Alemania occidental, Francia. En todos estos lugares tenía uno que estar en la oposición -si quería conservar un mínimo de dignidad.

Visité Venezuela el pasado verano, en una estancia de varias semanas. Por primera vez en mi vida, me encontré en una situación en la cual uno ¡podía estar a favor del gobierno! Resultaba algo tan insólito, una anomalía histórica de tal calibre, que uno no acababa de estar descolocado.

¿Recuerdan ustedes aquello que decía el poeta: que una patria, amigo, es un país con justicia? Bueno, la República Bolivariana de Venezuela no es todavía un país con justicia, pero en los últimos años se había puesto en camino hacia ello. Ojalá pueda seguir caminando ese camino, ahora que falta Hugo Chávez.