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Inteligencia versus castigo

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La Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) se reunió ayer para pedirle al Gobierno mano dura con quienes descargan contenidos de Internet, es decir, con los ciudadanos. De momento esta bandera de la sanción, el canon y la mano dura la han enarbolado con perversa insistencia las industrias del cine y de la música, a través de sus asalariados de más alto rango, que se encargan por ellos de organizar los happenings en favor de la punición.

Ahora le ha llegado el turno al libro, y como la máquina apenas está engrasada, de momento son los propios empresarios los que han de cargar con la pancarta. No será por mucho tiempo. El modelo es claro. En breve le cederán el relevo a una camarilla de escritores que pretenderá hablar en nombre de “la Literatura” y les harán cantar aquello de “el libro se muere”.

En cambio, parece que lo inteligente sería adecuarse al presente, invertir esa energía en reinventar mecanismos, formatos, productos, y afrontar con astucia la evidente transformación que el libro electrónico introducirá en el mercado editorial. Si lo hacen bien, por más revolucionario que acabe siendo este cambio, los que manejan el cotarro pueden seguir siendo los mismos. Castigar al ciudadano porque él sí está en sintonía con su tiempo es de muy mal gusto, señores de la industria editorial, además de inviable a medio plazo. Ahora que están ustedes a tiempo, piensen en una solución seria que no pase por el simple castigo. De lo contrario, alguien lo hará por ustedes.