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"La intromisión política en el arte se ha moderado"

Antoni Muntadas. Artista. Recogió el premio Velázquez por su visión antropológica del arte y su trabajo crítico sobre la sociedad

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Lo único que espera Antoni Muntadas (Barcelona, 1942) del Premio Velázquez de Artes Plásticas 2009, que se le entregó ayer, es que no contribuya a 'dulcificar' su discurso. Ayer evitó la tentación y denunció las 'presiones colaterales' del sistema artístico y de las estructuras políticas ante una audiencia de cargos ministeriales, Altezas Reales, galeristas y artistas. Una actitud peleona que también mantiene en las distancias cortas.

El Velázquez se suma al Premio Nacional de Artes Plásticas que recibió en 2005. ¿Cómo se los toma?

Los premios son alicientes para seguir trabajando y para no bajar la guardia.

¿Hay algún proyecto del que reniegue?

No. Más que nada porque tengo proyectos que siguen su curso. Soy lento: los hay que duran cinco años o diez. Algunos los dejo aparcados y luego los retomo.

Lleva 30 años intercambiando opiniones con jóvenes artistas. ¿A usted le dieron esa oportunidad?

Yo lo que tuve es la oportunidad de irme.

¿Es un artista comprometido?

Es muy difícil buscar la manera de situarse. Por un lado tienes la impresión de que mejor te callas, porque hay tal aglomeración de información que lo único que vas a hacer es contaminar más. Y por otro, piensas que no puedes estar siempre callado, porque entonces mucha gente está contenta.

El interés de los museos por el arte digital se refleja en las ferias de arte. ¿Cómo cree que reacciona el mercado?

Lo que creo es que en los últimos años el sistema se está confundiendo con la producción de arte y muchas veces no se habla de arte, sino del sistema del arte. Sobre este tema hice un trabajo, Between the frames, sobre el que no me importaría volver.

En su caso el espectador, como sucede con Pedro G. Romero, cierra la obra...

Sí. Es quien completa el trabajo, pero no haces el trabajo para el espectador. Yo reivindico la posición antropológica:lo que creamos son artefactos culturales y los artefactos tienen que activarse. No son objetos inertes; tienen que ser activados.

Esta activación depende también de los museos, de reordenar sus colecciones.

Es importante que se lo planteen. No todos los museos tienen que contar lo mismo. Lo que plantea el Reina Sofía son situaciones contextuales: es evidente que cuando una persona está trabajando sobre un libro hay cosas que están en el aire y que a todo el mundo le tocan. Yo diría que hay que entrar en el debate de las ideas contemporáneas, de lo que hoy nos puede interesar.

Qué es

El bombardeo que puede haber en cualquier país en estos momentos; tanto los hechos sociales como políticos. Lo que pasa es que los medios de comunicación nos hacen ser bastante inmunes a las imágenes y a las historias.

¿Comparte esa dicotomía entre la cultura mediática y la cultura literaria?

Para mí el texto y las imágenes son sistemas diferentes de contar historias. Es interesante que el último libro de Pamuk hable de eso, de la relación de Estambul con el cine. Cada vez hay más escritores que recurren al cine para hablar de otra realidad, de otras narraciones.

¿Cree que la mediación nos está llevando a un conocimiento menos ligado a lo físico, a la materia?

El tocar sigue existiendo [risas]. Creo mucho en los sentidos y no sólo metafóricamente. Eso de tocar para darte cuenta de las cosas es importante.

¿Es más fiable?

Y no sólo eso. La percepción se basa en las experiencias sensoriales y no sólo de la vista. Ahí entran todos los sentidos.

Pero para usted la percepción es además involucrarse...

El acto de ver o de percibir es querer saber más. El artista tiene la obligación de involucrarse y el público, también.

Ha hablado en su discurso de 'presiones'. ¿Al poder le interesan las historias colaterales, las que se generan fuera del sistema?

Con eso me refería a que todos los profesionales de la cultura artistas, críticos, galerías y museos deben disponer del tiempo para trabajar sin presión, ni económica ni política. Yo lo amplio más allá del artista; que no se entienda que lo planteaba como un problema de ego. En este tiempo de velocidades es importante darle tiempo a los proyectos. Parece que en este país se están regularizando las cosas, pero ha habido unos años en que, en fin, descalificaciones Por ejemplo, en la misma Italia, la intromisión política que puede haber en la cultura es fortísima. Y aquí, ya digo: yo creo que se está moderando, pero hay que tener el ojo muy claro. Hay que dejar trabajar a los profesionales

Analista
Su afán de análisis le ha llevado a documentar casos de censura cultural, incluidos en una base de datos que llamó ‘File Room’. Su discípulo Pedro G. Romero actúa así en ‘Archivo FX’.

Antivirtual
Cree que el conocimiento más fiable es el que nos dan los cinco sentidos. Ha dedicado muchos de sus proyectos a investigar las relaciones entre medios de comunicación y espectadores. En ‘On translation’ analizó la pérdida de significados en los flujos de información.

Lento
Rechaza la velocidad vertiginosa que impone la sociedad de la información. Necesita tiempo para reflexionar y producir, por lo que hay proyectos que le llevan más de un lustro.

Nómada
Nació en Barcelona y vive en Nueva York desde el 71, pero ha trabajado en Brasil, Alemania, Francia, Canadá y Argentina. “Uno es lo que hace y cada proyecto pertenece al lugar donde se presenta”, dijo.

Participativo
En su caso la obra de arte termina de rematarse con el trabajo que lleva a cabo junto a sus alumnos. No tiene taller, tiene aulas en las que comparte.

Urbano
La pérdida del espacio público –por las privatizaciones y la proliferación de los sistemas de vigilancia en los centros urbanos– precocupan al artista. Dará cuenta de ello próximamente en São Paulo.