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Las inundaciones agravan la tragedia humana del militarizado Baluchistán

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Las inundaciones han acentuado la crisis humanitaria en Baluchistán, la provincia más subdesarrollada de Pakistán, que está tomada por tropas no autóctonas y es feudo de insurgentes talibanes y nacionalistas.

Con apenas 8 millones de habitantes para el 42 por ciento de la superficie del país (343.000 kilómetros cuadrados), Baluchistán es la región paquistaní más depauperada y con menor tasa de alfabetización (37 por ciento), pese a poseer abundantes recursos como gas y minerales.

"No hay duda de que somos la provincia más olvidada por Islamabad y por la comunidad humanitaria", explicó a Efe Ishaque Baloch, vicepresidente del Partido Nacionalista de la región.

Baloch recordó que hay áreas que sufrieron catástrofes naturales cinco años atrás en las que la gente aún no tiene siquiera cobijo.

Las actuales inundaciones, generadas por el intenso monzón del verano, han afectado sólo a unos pocos distritos baluchis cercanos al río Indo, en la frontera con la vecina provincia de Sindh (sureste), pero allí donde han entrado han devastado infraestructuras que ya antes de la tragedia eran muy deficientes.

La demarcación de Yafarabad continúa empantanada desde hace seis semanas pues el suelo ya no tiene capacidad de absorción y el incesante calor húmedo agrava las condiciones de una población vulnerable, que malvive entre fétidas aguas estancadas e infestadas de mosquitos y otros insectos.

A los lados de una de las carreteras principales, que quedó destruida por las lluvias, algunos lugareños intentan pescar, mientras otros amontonan enseres que han transportado desde aldeas cercanas inundadas.

A pocos kilómetros, en la población de Royan Jamali, se halla la residencia de uno de los dos ex primeros ministros paquistaníes procedentes de Baluchistán, Zafarulah Khan Jamali (2002-2004), muy ligado al estamento militar y que gobernó durante el régimen del ex jefe del Ejército Pervez Musharraf, sobre el cual recaía en realidad todo el poder.

La vivienda, una extensa mansión con decenas de sirvientes que junto a un par de templos es uno de los pocos edificios en pie del lugar, es un hervidero de gente, de afectados que acuden a pedir ayuda y consejo a los notables del pueblo, entre ellos a uno de los hijos del ex primer ministro, Omar Jamali.

"Ésta es la única área de Baluchistán donde hay cultivos (arroz y trigo sobre todo) y la única que ha resultado afectada. Llevará mucho tiempo rehabilitarla, al menos dos años", observó a Efe.

Jamali criticó la ausencia de los Gobiernos central y provincial y alabó las labores del Ejército, muy implicado en la restauración de los servicios básicos.

Aparte de los militares, en el territorio sólo hay un par de organizaciones humanitarias turcas e iraníes, ligadas a la Media Luna Roja, y un equipo médico de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID), que llegó esta semana.

La comunidad humanitaria occidental se mantiene al margen de una provincia aislada y de difícil acceso, casi vetada a los medios de comunicación internacionales, en la que las autoridades ponen muchas trabas a los extranjeros para desarrollar su trabajo.

Entre las decenas de militares desplegados en la zona catastrófica a los que tuvo acceso Efe no había ningún baluchi, una etnia apenas integrada en las Fuerzas Armadas pese a que la provincia está muy militarizada.

La insurgencia nacionalista, que reclama la independencia o una mayor autonomía, ha sido aplastada en varias ocasiones por las fuerzas de seguridad en los 63 años de historia del país asiático, pero todavía operan numerosos grupos armados.

Sus tácticas habituales consisten en atentados contra instalaciones públicas o asesinatos selectivos de trabajadores cualificados no autóctonos, en especial punyabíes, la etnia mayoritaria, que copa los principales puestos en las cúpulas civil y militar.

"A veces no somos bien vistos por parte de la población. Algunos líderes tribales no nos aceptan", admitió a Efe el mayor Qaiser Jan, de origen pastún, grupo étnico del que proceden los talibanes y que habita las áreas más septentrionales de la región.

Qaiser y muchos otros oficiales denunciaron ante Efe la implicación de la India en acciones desestabilizadoras en Baluchistán, a través de su apoyo a las organizaciones separatistas, algo de lo que Islamabad acostumbra a acusar a Nueva Delhi.

Las fuentes rehusaron aceptar que la provincia, un territorio inhóspito de áridas montañas y llanuras desérticas más allá de Yafarabad, sea bastión de la cúpula talibán afgana, la conocida como "shura" o consejo de Qüetta, capital baluchi situada a menos de 200 kilómetros de Kandahar, el centro espiritual afgano del movimiento liderado por el mulá Omar.