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Las inundaciones arruinan la agricultura, motor de la economía paquistaní

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Las aguas desbordadas del río Indo y sus afluentes han inundado grandes extensiones de cultivo en Pakistán, especialmente en el Punjab, considerado el "granero" del país, y ponen así en juego el sustento de vida de millones de afectados, que han comenzado el Ramadán más duro de sus vidas.

"Toda la franja del Indo desde Chashma a Guddu está sufriendo graves inundaciones en este momento. La situación continuará así al menos por dos o tres días", afirmó hoy a Efe un portavoz de la Autoridad Nacional de Gestión de Desastres, Ahmad Kamal.

Esta franja, que atraviesa por completo la provincia oriental del Punjab, incluye muchos de los distritos que forman parte del conocido como "cinturón agrario" de Pakistán, donde el sector de la azada representa el 23,3 por ciento del PIB y proporciona cerca del 42 por ciento del empleo, según datos oficiales.

Los datos de las autoridades son claros: las aguas ya han anegado en torno a 135.000 kilómetros cuadrados, un 16,8 por ciento del territorio, de los que la ONU estima que más de un millón de hectáreas son terrenos de cultivo, mientras que fuentes oficiales paquistaníes elevan la cifra a entre 4,8 y 6 millones.

"Las inundaciones han destruido cosechas de algodón, arroz, caña de azúcar y tabaco por valor de miles de millones de rupias", se lamentó el ministro de Alimentación y Agricultura, Nazar Mohamed Gondal, citado hoy por los medios paquistaníes.

Algunas estimaciones hablan ya de hasta 3.000 millones de dólares de pérdidas, aunque por el momento no hay una evaluación consolidada, pues el nivel de las aguas sigue siendo elevado en amplias zonas.

Por si fuera poco, el sector ganadero también es uno de los grandes afectados por una catástrofe en la que muchos habitantes se están viendo obligados a abandonar a sus animales para salvar sus propias vidas.

De acuerdo con la ONU, al menos 14.000 cabezas de ganado -unas nueve veces más que seres humanos- han perecido hasta la fecha en las peores inundaciones de los últimos ochenta años en Pakistán, aunque el dato es sólo la punta del iceberg, pues fuentes del sector aseguran que la cifra podría ser incluso de 100.000.

"La magnitud es tremenda, no he visto en mi vida un desastre de este estilo", declaró hoy en rueda de prensa el secretario general de la Cruz Roja, Bekele Geleta.

Geleta instó a la comunidad internacional a donar más fondos para poder asistir a unos seis de los 14 millones de afectados que requieren de ayuda urgente, como comida, cobijo o medicinas.

Unos damnificados que ayer comenzaron con mucha disciplina el que quizás sea el mes sagrado del Ramadán más duro de sus vidas, tal y como pudo comprobar Efe durante una visita reciente a zonas catastróficas.

No obstante, algunos clérigos, como el muftí Munibur Rehman, han declarado que en estos tiempos de crisis no es necesario cumplir a rajatabla con el ayuno durante las horas de sol, una tradición que ya se podrá recuperar más adelante.

Por si fuera poco, en tiempos de crisis siempre surgen mentes ávidas, dispuestas a hacer negocio aunque sea a costa de las penurias de los demás.

"La furia de la naturaleza y la avaricia del hombre se han combinado para dar un doble golpe, con desorbitados precios en los alimentos que añaden problemas al sufrimiento de la gente durante el mes de ayuno", reza un editorial publicado hoy por el rotativo paquistaní "Dawn", el más influyente en lengua inglesa.

El periódico hizo un llamamiento al Gobierno a que fije precios máximos en productos alimentarios básicos, como legumbres o azúcar, que están experimentando una alta inflación.

Las autoridades aseguran que hay suficientes reservas de trigo -un superávit de dos millones de toneladas y otro millón en reservas de emergencia- para afrontar los meses venideros.

La comunidad humanitaria, con la ONU a la cabeza, ha alertado de que los próximos tres meses serán especialmente duros.

El organismo multilateral ha conseguido distribuir raciones de comida a 382.000 personas en la provincia noroccidental de Khyber Pakhtunkhwa, la primera que fue azotada por unas aguas que han causado estragos de norte a sur del país.

En los próximos diez días, las agencias de la ONU pretenden llegar a dos millones de personas con su asistencia alimentaria, y alcanzar progresivamente a los seis millones que la necesitan para sobrevivir a la catástrofe.