Público
Público

Invasión robot

El cine español ha vivido de espaldas a la inteligencia artificial, algo que cambiará radicalmente en dos semanas, cuando se estrene en la Mostra de Venecia ‘Eva’ y arranque en unos meses el rodaje de ‘Autómata&

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

En los años dorados del Fantaterror español, cuando Paul Naschy sacaba pecho y pelo caracterizado de hombre lobo, Jesús Franco se embarcaba en su particular fiebre por el género, que inició con Gritos en la noche (1968), y Jorge Grau sorprendía con su inusual No profanar el sueño de los muertos (1974), no hubo ni un mísero robot que hiciera de las suyas con la raza humana. Sólo existe una película infantil, El rayo desintegrador (1966), y esta, con su historia de amistad entre un niño y el robot Arturo, figura como un acercamiento anecdótico a aquello de la inteligencia artificial. Tampoco contemos Supernova (1993), la primera y última película de Marta Sánchez, en la que la entonces cantante revelación, se convertía en una réplica, muy a lo Frankenstein, de sí misma.

En efecto, la historia del cine español, fertil en el ramo del cine de género, nunca se atrevió, por falta de presupuesto y de atrevimiento, a iniciarse en la temática de la robótica. Un vacío abismal que está a punto de llenarse, cuando en dos semanas se estrene en la Mostra de Venecia Eva, la primera película de robots de nuestro cine, que llegará a las salas el 28 de octubre. La buena noticia es que no viene sola. En septiembre, arranca la preproducción de una película de ciencia ficción de altas ambiciones: Autómata, dirigida por Gabe Ibáñez (Hierro, 2009) y producida y protagonizada por Antonio Banderas. Se acerca una invasión robótica. Los españoles ya pueden cantar, como hacía Kraftwerk, We are robots.

'Atrevernos a hacer cine sobre robots significa perder complejos', asume Gabe Ibáñez

'Nuestro país está lleno de tabús y, entre ellos, está ese de que no podemos. Eso deja margen para la gente que quiere innovar', asume Kike Maíllo, director de Eva, filme producido por la ESCAC de Barcelona, auténtico nido de nuevo talento y desafíos cinematográficos. Ibáñez lo secunda: 'Atrevernos a hacer cine sobre robots supone una pérdida de complejos en cuanto a temáticas. Y debido a la situación tecnológica, se pueden hacer sin que tengan que ser tan caras', apunta. 'Además, filosóficamente es un tema que está muy presente. Los robots van a ser un género en crecimiento en los próximos años, va a dar pie a muchísimas películas. Estamos a las puertas de que sean una realidad en nuestra vida cotidiana y eso va a dar lugar a cambios en la cultura, que se reflejarán en el cine', opina Ibañez.

Luego está el dinero. Hacer cine de ciencia ficción desde Europa es mucho más barato. Eva ha costado 6 millones de euros, una cifra que, como dice Kike Maíllo, es 'un pastón para rodar un melodrama social, pero que para una de ciencia ficción es nada. Nuestras armas son las de la ciencia ficción europea', añade, 'que tiene que ver más con la emoción que con la acción y los efectos espectaculares'. Además, en Hollywood un final como el de Eva [que no desvelaremos aquí] es impensable. 'Somos más pobres, pero podemos ser más osados', asume Maíllo.

'Somos más pobres, pero podemos ser más osados', dice el director de ‘Eva’, Kike Maíllo

Gabe Ibañez añade: 'Lo que se hace hoy en EEUU es más un cine de acción con robots que uno más reflexivo en torno al hombre y la inteligencia artificial'. Tanto Eva como Autómata miran más hacia el cine de ciencia ficción de los sesenta, setenta y ochenta (2001, Una odisea en el espacio o Blade Runner) que a la saga Transformers o a thrillers dudosos como Yo, Robot, que Gabe Ibáñez llega a calificar de 'traición' al espíritu de Isaac Asimov.

Eva transcurre en un futuro próximo en el que los seres humanos viven junto a criaturas mecánicas. Álex (Daniel Brühl), un reputado ingeniero cibernético, regresa a Santa Irene, una pequeña ciudad entre las montañas nevadas, con el encargo de la Facultad de Robótica de crear un niño robot. En los diez años de ausencia, la vida ha seguido su curso para su hermano David (Alberto Ammann) y para Lana (Marta Etura) que, tras la marcha de Álex, rehicieron su vida. Su rutina se verá alterada de forma inesperada por Eva (Claudia Vega), la hija de Lana y David.

La película de la ESCAC está vendida a más de 50 países. En EEUU la han comprado los Weinstein

Con habilidad, de cara a evitar excesos presupuestarios, no hay en la película una hiperestilizacion del futuro, sino que es uno cercano y familiar, concretamente uno con reminiscencias de la estética de finales de los setenta y principios de los ochenta. 'Eva nos habla de la vuelta al hogar de Álex, por tanto, es una película sobre la nostalgia y su estética también lo es'. El filme transcurre en gran parte en el interior de casas de madera con estufas. 'Estaba hastiado de un futuro o blanco y aséptico o apocalíptico y oscuro', reconoce Maíllo. 'Quisimos crear un ambiente cercano y cálido, a pesar del paisaje helado, y que los robots fueran lo más naturalistas posible. ', explica.

En Eva los robots tienen formas diversas: desde una recepcionista inspirada en el diseño de las viejas Vespas, a los robots araña o los humanoides, como el que interpreta Lluís Homar, que encarna a Max, un androide mayordomo excesivamente solícito.

La jugada ha salido redonda y la película está ya vendida a más de 50 países en todo el mundo, entre los que se cuenta Estados Unidos en las manos de los poderosos hermanos Weinstein, que pagaron millón y medio de euros para conseguir la distribución en su territorio. 'Es curioso, aquí es una película comercial y saldremos con 340 copias. En EEUU, se estrenará con unas 600 copias y se le considera un filme para un circuito cercano al de arte y ensayo', explica Sergi Casamitjana, el productor de las cuatro óperas primas producidas hasta el momento por la ESCAC. Como suelen hacer, los Weinstein han impuesto sus propias condiciones. Los hermanos conocidos por meter tijera y exigir cambios en el metraje de las películas, han hecho lo propio en Eva, pero esta vez para pedir que en vez de 90 minutos, la película se aumente a algo más de 100.

Todo esto sin que haya sido necesario que los personajes hablen inglés. 'No hemos querido renunciar ni a un estilo propio ni a nuestro idioma para hacerlo internacional, y ha funcionado. Este es el gran paso de la ESCAC y de Escándalo Films', admite Casamitjana.

'¿Podríamos sentir amor por los androides?', se pregunta Maíllo en su película

Pero volvamos a los robots. Quizás sea entonces hora de recordar las famosas Tres Leyes de la Robótica, de Isaac Asimov, aquellas que han servido tantas veces de referente en el cine de ciencia ficción con autómatas: '1- Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño. 2- Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley. 3- Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley'. El escritor que abordó en más de 17 libros la moralidad de un mundo donde la inteligencia artificial ha superado a la de los hombres sirve como base a Eva y a Autómata.

Ambas películas, como hacía Asimov, plantean los retos morales del ser humano frente a las máquinas, pero Eva discurre por territorios más emocionales y menos intelectuales de los que lo hará Autómata. Eva plantea un drama en torno a las emociones y se pregunta qué pasaría si ahora conviviésemos con máquinas que simulan a la perfección al ser humano: ¿Podríamos entonces sentir amor por ellos? 'Me interesaba tratar la naturaleza del amor, y lo que tiene la ciencia ficción es que te permite explorar grandes temas con la coartada de la imaginación y la fantasía', apunta el director. 'Eva habla de los simuladores, de los sustitutivos emocionales, pero desde el punto de vista del ser humano, no del robot. Si hay gente que se enamora ya de su iPhone, imagina si la máquina anduviese y hablase', asegura con sorna. Ojo, porque quizás, no tarde tanto en llegar el iPad con brazos y piernas. Por ahora, el cine español lo imagina y lo cuenta.

‘Lo mejor de mi’ (2007)
Fue la primera producción de Escándalo Films, productora de óperas primas de la ESCAC, y ya entonces la película fue recibida con alabanzas. Dirigida por Roser Aguilar, este drama sobre la pérdida de la inocencia y sobre al amor conquistó en el Festival de Locarno el Boccalino de Oro y el premio a mejor actriz para Marián Alvárez.

‘Tres días con la familia’ (2009)
La mirada de Mar Coll, influenciada por el cine francés, desveló una habilidad especial para los detalles, la narración y los gestos que nos cuentan los vacíos y la incomunicación de una familia de la alta burguesía catalana, revelada el día del funeral del patriarca. Un debut brillante que le valió el Goya a directora revelación y tres premios en Málaga.

‘Blog’ (2010)
Elena Trapé dirigió una película insólita en la que narraba la peculiar rebelión de un grupo de adolescentes. Lo hizo con un método inusual: las jóvenes actrices, todas sin experiencia, se grabaron con webcams e improvisaron gran parte de sus escenas.