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Una investigación revela errores en asociaciones entre genes y enfermedades

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Un trabajo en el que han participado científicos de la Universidad Pablo de Olavide (UPO) de Sevilla ha revelado que de un cinco a un diez por ciento de enfermedades raras (las de base genética que afectan a menos de 5 casos por 10.000 habitantes) se asocian erróneamente a las alteraciones de un gen.

Esta investigación, que se publica hoy en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), que edita la Academia Nacional de Ciencias de EEUU), puede resultar crucial para la cada día más relevante medicina genómica, que persigue identificar las causas genéticas de las enfermedades y encontrar terapias génicas para ellas.

El trabajo, en el que ha participado el investigador chileno José Luis Gómez-Skarmeta, del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo de la UPO, creado por esta universidad junto al CSIC y la Junta de Andalucía, ha examinado tres mutaciones genéticas asociadas a la diabetes de tipo II y a la obesidad y sostiene que "al menos en dos casos, las mutaciones afectaban en realidad a genes distintos de los que se pensaba", según un comunicado de esta universidad sevillana.

Esta investigación internacional, en la que han participado científicos del CSIC, de la UPO y del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III, desvela que "muchas de las identificaciones" entre enfermedades raras y mutaciones de un gen "podrían ser erróneas y, por tanto, deberán ser revisadas".

El ADN se puede dividir en codificante o no codificante; el primero, que contiene los genes que dan lugar a las proteínas, constituye tan sólo un cinco por ciento del genoma humano, mientras que el resto, compuesto de secuencias repetidas o no codificantes, fue calificado por los investigadores como "ADN basura", explica el comunicado de la UPO.

Sin embargo, la comunidad científica ha comenzando a admitir que el ADN no codificante contiene muchas claves que explican por qué los genes se activan en determinados momentos o por qué lo hacen en unas células y no en otras.

Ese parece ser el papel de las llamadas regiones reguladoras, "que si bien no contienen la información para una determinada función, sí que son capaces de determinar en qué tipo de célula debe realizarse", asevera Gómez-Skarmeta.

El estudio publicado hoy se ha centrado en tres regiones genómicas no codificantes cuyas mutaciones se asociaban a la diabetes tipo II y a la obesidad: dos que se asociaban a los genes CDKAL1 y FTO y otra más asociada a HHEX e IDE.

Mediante estudios de genómica comparativa entre vertebrados y el uso de técnicas bioinformáticas estos científicos han demostrado que, en realidad, los genes candidatos a estar controlados por estas regiones son HHEX, IRX3 y SOX4, en lugar de CDKAL1, FTO e IDE, respectivamente.

"Este estudio refleja lo poco que conocemos aún sobre los mecanismos de funcionamiento global del genoma y de su gran importancia a la hora de interpretar los resultados de las asociaciones genómicas a gran escala con el riesgo de padecer enfermedades prevalentes, como por ejemplo las dolencias cardiovasculares", ha opinado Miguel Manzanares, del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III.

Gómez-Skarmeta ha destacado que este trabajo "demuestra que mediante estos ensayos se pueden descartar fácilmente genes previamente asociados a ciertas enfermedades e identificar los verdaderos genes asociados con ellas".