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Irak 10 años después, algunos fracasos

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Tica Font
Directora del Institut Català Internacional per la Pau

En estos días vuelven a nuestra mente dos clases de recuerdos, millones de personas manifestándose simultáneamente en las calles de diversas ciudades del mundo y los bombardeos de los aviones sobre las ciudades de Irak. A todos aquellos que salimos a las calles para decir, No a la guerra, No en mi nombre, nos ha invadido durante mucho tiempo la sensación de fracaso. Conseguimos ser muchos en las calles, conseguimos altas cotas en los sondeos de opinión contrarios a la invasión, pero no conseguimos parar la guerra.

En el 2003 el movimiento por la paz volvió a emerger, volvió a mostrar su fuerza con la oposición y la movilización a la guerra de Irak, movilizó a millones de personas; podemos afirmar que dicha oposición se mostraba contraria a la política belicista de Bush y sus aliados (Blair y Aznar), y a la vez crítica con la política brutal de Saddam Hussein, se solidarizaba con el pueblo iraquí y apoyaba medidas diplomáticas como las inspecciones de la OIEA como alternativa a la guerra.

Al mismo tiempo que se extendía la idea de que esta guerra tenía intereses ocultos y no explicitados, había elementos que nos hacían pensar que detrás de la invasión de Irak se estaban dirimiendo repartos en el control y el acceso a recursos energéticos, el petróleo en concreto; se estaban redefiniendo estrategias políticas en Oriente Medio y la industria militar abría un espacio real, fuera del laboratorio, en el que probar nuevas armas.

Para los movimientos sociales el tiempo previo a la invasión fue un período en el que se crearon nuevas organizaciones, nuevas redes y coordinadoras de campaña tanto presenciales como virtuales; por primera vez una red mundial de organizaciones convocaba actuaciones simultáneas, por primera vez millones de personas en todo el mundo nos sentimos unidos participando de una misma acción, impedir una guerra.

A pesar de las grandes manifestaciones en todas las ciudades, el movimiento pacifista no fue capaz de evitar que Bush, junto con otros aliados, ocupara Irak. Esta derrota parcial, ante unas movilizaciones tan grandes, solo podemos interpretarla como una debilidad del sistema democrático ante la presión del poder de grupos energéticos o del complejo militar industrial. A base de mentiras se nos intentaba convencer de que la guerra era necesaria, pero no lo lograron, la ciudadanía no las creyó.

Las campañas impulsadas por los medios de comunicación basadas en mentiras, nos presentaban al dictador Saddam Hussein como un asesino cruel con los ciudadanos iraquíes, un Saddam Hussein que estaba fabricando armas muy mortíferas que usaría contra la población; pero estas campañas no convencieron a millones de ciudadanos del mundo y obligaron al Gobierno Bush a presentar sus argumentos a favor de la invasión delante de Naciones Unidas, recordemos a Colin Powell mostrando polvo blanco en un frasco o fotografías de laboratorios de fabricación de armas químicas de destrucción masiva; tuvieron que esforzarse en inventar pruebas para convencer al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de que había motivos suficientes y sobrados para invadir Irak. Pero cuando solicitaron la autorización del Consejo de Seguridad para iniciar la guerra en febrero de 2003, ésta les fue denegada.

Los ciudadanos del mundo no se creyeron las mentiras y muchos gobiernos no se atrevieron a dar su apoyo a Bush, los Estados Unidos solo obtuvieron 3 votos a favor (Inglaterra, España y Bulgaria). Fue una derrota política humillante para Bush y una victoria para el movimiento por la paz ya que desposeyó a Bush de la legitimidad y de la legalidad internacional que buscaba. Bush consiguió empezar una guerra militar, pero perdió la guerra política y no conquistó las mentes de los ciudadanos.

Hay analistas que destacan que la falta de legitimidad y apoyo político a la guerra de Bush, influyó directamente en la dirección política del conflicto, en la estrategia de ocupación militar y en el fracaso político y militar de esta guerra.

No pudimos evitar el sufrimiento de la población iraquí, pero las movilizaciones facilitaron que muchos ciudadanos árabes sintieran nuestra solidaridad, sintieron que compartíamos el mismo rechazo a la guerra y compartimos las movilizaciones. Los movimientos sociales se globalizaron y salieron más fuertes de estas movilizaciones, por primera vez se convirtieron en generadores de opinión global. No impedimos la guerra pero conseguimos castigar políticamente a aquellos que la lideraron.