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"Mientras la isla esté dividida, habrá algún tipo de IRA militante"

Entrevista con Martyn Frampton, coautor del libro 'Talking To Terrorists:Mking Peace in Northern Ireland And The Basque Country'

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'Los gobiernos hablan con terroristas. Es un hecho, más que una crítica. Es el reconocimiento de la realidad más que un juicio de valor'. La cita destaca en la introducción de Talking To Terrorists: Making Peace In Northern Ireland And The Basque Country (Hablando con terroristas: buscando la paz en Irlanda del Norte y el País Vasco), un documentado ensayo publicado recientemente en el Reino Unido.

Los autores, los académicos de Cambridge Martyn Frampton y John Bew, y el periodista Íñigo Gurruchaga analizan el origen y evolución de los conflictos armados en el Ulster y Euskadi, y explican las claves del éxito del proceso de paz en el primero y del fracaso en el segundo. Argumentan que no hay un único modelo para acabar con la violencia y defienden que el diálogo ha de estar precedido del compromiso de las organizaciones terroristas con las normas democráticas.

¿Cómo se justifica el diálogo con terroristas en una democracia?

Hay que distinguir entre grupos, como Al Qaeda, que es esencialmente una organización terrorista, y bandas como el IRA y, en cierta medida, ETA, que tienen o han tenido representación política. Si se permite la existencia de dicha representación y esta cuenta con un nivel de apoyo popular, es difícil renunciar al diálogo porque los gobiernos serían tildados de antidemocráticos. Hay que insistir y así ocurrió en Irlanda del Norte en el acatamiento de las normas democráticas. No basta con tener cargos electos, hay que comprometerse totalmente con los medios pacíficos. El proceso político en Irlanda del Norte consistió en forzar al partido Sinn Fein y al IRA a aceptar los parámetros de la Declaración de Downing Street, que permitía participar a todos en la solución pero, para ello, había que aceptar las reglas democráticas.

¿Las precondiciones son siempre necesarias?

No intentamos prescribir nada en el libro y, de hecho, reaccionamos contra los que prescriben lo que hay que hacer en un proceso de paz. Abundan los que dicen que es imprescindible hablar con los terroristas y que se ha de dialogar sin precondiciones. En Irlanda del Norte, se fijaron precondiciones. También en el País Vasco, con la posición constante de los gobiernos españoles de no entablar una negociación política con ETA.

¿La paz en Ulster se hubiera alcanzado sin hablar con el Sinn Fein/IRA?

La dinámica hacia el Acuerdo de Viernes Santo (de 1998) existía independientemente del Sinn Fein e IRA, y la participación en el proceso de la mayoría de este bloque republicano ayudó a construir una paz integral, de conjunto. Pero esta no es la razón de que se lograra la paz. El unionismo y nacionalismo moderados buscaban, desde principios de los noventa, un entendimiento político y, de haber procedido sin el movimiento republicano, la violencia hubiera continuado. Pero la violencia habría ido perdiendo legitimidad hasta abocar en una situación similar a la que se encuentra ETA.

¿O en la posición actual de los grupos escindidos del IRA?

Sí, hay un grupo duro republicano que no considera el conflicto resuelto y recurre a la violencia. La amenaza de los disidentes no va a desaparecer e Irlanda del Norte puede desembocar, dentro de una década, en una situación parecida a la del País Vasco. Gerry Adams y Martin McGuinness [dirigentes del Sinn Fein] fueron capaces de arrastrar al movimiento republicano prácticamente intacto en apoyo del Acuerdo de Viernes Santo basándose en una falsa ilusión. Creyeron que el acuerdo conduciría hacia la unidad de Irlanda y que recogerían frutos durante mucho tiempo. Comienzan ya a darse cuenta de que están en una situación rutinaria y prosaica, de autogobierno compartido con los unionistas, en la que la unidad de Irlanda no se va a conseguir para 2016. Esta realidad puede ser la causa de la renovada violencia de los ideólogos duros que rechazan dejar las armas.

¿Por qué la disidencia republicana atenta ahora, diez años después del acuerdo político?

Es un error pensar que los disidentes han retornado al cabo de diez años. Nunca han desaparecido de la escena. Ha habido un constante latigazo de ataques o atentados frustrados antes y después de 1998. Desde el Acuerdo de Viernes Santo, se les atribuyen cien ataques, con tiroteos o bombas, y, por desgracia, consiguieron matar recientemente a tres miembros de las fuerzas de seguridad.

¿Coincide con el Sinn Fein en que los disidentes carecen de apoyo popular?

Es difícil saberlo y, al mismo tiempo, es una pista falsa. ¿Qué apoyo tenía el IRA durante el conflicto? El Sinn Fein contaba con el 10% del electorado, pero dudo de que todos ellos apoyaran la campaña violenta del IRA. Sí creo, en cambio, que es improbable que los disidentes puedan mantener una campaña como la del IRA en los setenta. El acuerdo ha resuelto los problemas de discriminación de la población católica y la sensación de agravio político no existe más allá de un grupúsculo de radicales. Tampoco hemos presenciado la última acción de la disidencia republicana. Mientras la isla esté políticamente dividida, habrá alguna forma de IRA militante.

¿El retroceso electoral del Sinn Fein, particularmente en la República de Irlanda, juega a favor de los disidentes?

Probablemente les hace daño dentro de su propio sector duro. Los escépticos hacia el proceso de paz de Adams y McGuinness lo apoyaron porque creyeron que su plan era verosímil: que el Sinn Fein formaría parte del Gobierno de Belfast y ganaría fuerza en la República entrando en un gobierno de coalición. En este escenario, el Sinn Fein estaría representado en gobiernos a ambos lados de la frontera y podría argumentar que la frontera iba erosionándose orgánicamente. El fracaso del proyecto del Sinn Fein en el sur hace muy difícil que Adams muestre cómo va a lograr la unidad de Irlanda. Sin avances en la República, quedan atrapados en la realidad cotidiana del Acuerdo de Viernes Santo y se limitan a ser ministros de la Corona británica.